dimecres, 27 de febrer de 2013

Ciutats per a nens, ciutats per a tots

Article original aparegut a Kireei el 18 de febrer de 2013: Ciudades para niños, ciudades para todos.


“Recuerda cuando los niños jugaban en las calles? ¿Y cuando salían de casa cada mañana con su cartera y emprendían el camino al colegio? Hace unos años era una práctica normal, cotidiana y saludable que se ha ido perdiendo, sobre todo en las grandes ciudades, donde se ha sustituido por otra estampa: la de miles de coches tomando las calles, en doble o triple fila a la puerta de los colegios, con niños que entran y salen presurosos. Unos niños cada vez más sedentarios y menos autónomos y unas calles cada vez más atestadas de coches y contaminación. En los años 70, el 80% de los niños europeos de 7 y 8 años acudían solos al colegio. Veinte años después lo hacía el 9%, según el estudio sobre movilidad infantil de Hillman, Adams y Whitelegg. La Declaración de los Derechos del Niño, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, dice: “El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente en forma saludable y normal”. ¿Hasta qué punto les estamos hurtando estos derechos cuando dejamos que las calles sean territorio casi exclusivo de los coches?”

En referencia a este problema escribí este fragmento del artículo “El tiempo o la vida” que aparece en el número 3 de Kireei magazine, dedicado a la lentitud:

“Presionamos tanto a nuestros hijos que no les dejamos elegir su camino”, afirma Carl Honoré. El autor de “Bajo presión” afirma en este libro que los adultos hemos secuestrado la niñez y aplicamos la cultura del perfeccionismo consumista a toda nuestra vida, incluídos nuestros hijos. Honoré reclama una relajación en la planificación de la agenda del niño, más espacio para las emociones y tiempo para jugar. También es interesante la crítica que hace a la cautividad a la que es sometida la infancia, “de casa al cole atada en el coche” y siempre supervisada por los adultos. Esta observación entronca con el proyecto “Ciudad de los Niños” del pedagogo Francesco Tonucci, una propuesta que nace en 1991 en Fano (Italia) y que pretende tomar a los niños como parámetro y garantía de las necesidades de todos los ciudadanos en el gobierno de una ciudad. Se trata de construir una ciudad diversa y mejor para todos, en la que los niños puedan vivir de manera más autónoma y participativa. El eje central de todo el proyecto es la autonomía infantil: “Desde el inicio el proyecto ha asumido como uno de sus objetivos principales el hacer posible que los niños puedan salir de casa sin ser acompañados, para poder encontrarse con sus amigos y jugar en los espacios públicos de su ciudad: desde el patio de casa, a la acera, de la plaza al jardín. La necesidad de tener siempre el control directo de los adultos, impide a los niños vivir experiencias fundamentales, como explorar, descubrir, la aventura, la sorpresa, superando progresivamente los riesgos necesarios. La imposibilidad de probar estas emociones y de construir estos conocimientos, crea graves lagunas en la construcción de una personalidad adulta, en las reglas de comportamiento, de conocimiento y de defensa.”
Una ciudad amigable para los niños es también una buena ciudad para el resto de ciudadanos. Caminos escolares, pacificación de centros urbanos, desplazamientos en bicicleta… todo ello va configurando poco a poco una ciudad diferente, más tranquila, más humana.

Muchas ciudades españolas han iniciado en los últimos años algunos proyectos de pacificación de los centros urbanos. También han impulsado iniciativas como los caminos escolares, que van mucho más allá de facilitar el trayecto a la escuela de los niños. De hecho, contando con la complicidad de familias, escuelas, comerciantes, asociaciones y ayuntamiento, se consigue convertir estos humildes caminos escolares en herramientas de transformación de las ciudades. No solo se trata de calidad de vida de la infancia y derecho a la autonomía personal de los niños sino también de fomentar la cohesión social y construir entre todos un modelo de ciudad diferente, promoviendo cambios a nivel de tráfico y urbanismo pero también de costumbres, valores y actitudes.

¿Conocéis de primera mano iniciativas de pacificación de nucleos urbanos, caminos escolares y ciudades amigables para los niños? ¡Compartid vuestra experiencia con un comentario!

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