dimarts, 18 de novembre de 2014

L'escola no és l'únic lloc on es pot aprendre...

Sobre aquesta afirmació que sembla obvia anava el meu últim article pel blog Kireei que per l'afinitat amb les coses que tracto en aquí he volgut compartir.
Relacionat amb el concepte de "ciutat educadora" que apareix a l'article, també us vull recomanar la lectura de "La ciudad para todos. Participación, democracia e inclusión".

Article publicat originalment al blog Kireei el 16 de novembre de 2014.

¿Por qué aprender solamente dentro de una escuela?




“Para educar a un niño hace falta una tribu entera”, dice un proverbio africano a menudo citado. ¿Y dónde tenemos nuestra tribu?, me pregunto. Podemos entender que nos referimos a la familia extendida, a los amigos, a los vecinos… pero lo cierto es que hay muchas familias que viven sin una tribu a la que recurrir para educar a sus niños. Cuentan con la escuela y con nada más. Pero… ¿es la escuela entendida como microcosmos (más o menos poroso) suficiente?
La escuela es una pieza más en un rompecabezas más extenso, que es la ciudad (o, por extensión, el medio urbano, aunque sea un nucleo de población pequeño). La ciudad educa sin querer: con los espacios públicos que ofrece, con las desigualdades que no evita, con el ocio que permite, con su permeabilidad o impermeabilidad a la participación del ciudadano… La ciudad es el escenario de la vida de todos sus habitantes, desde el más pequeño al más anciano.

Hoy pienso en esto porque esta semana se está celebrando en Barcelona el XIII Congreso Internacional de Ciudades Educadoras. Este año los ejes temáticos son la inclusión, la participación y la creatividad.

Pero entonces se me cruzan los cables y mezclo la idea de ciudad educadora con la de “micro-schooling” (aquí tenéis un ejemplo). Y me empiezo a hacer preguntas: ¿Por qué disponer de caras instalaciones escolares si la ciudad está llena – y si no lo está, debería – de espacios públicos de todo tipo que están infrautilizados la mayor parte del día? ¿Por qué los niños deben estar separados por edades? ¿Es necesario tener instituciones tan masivas, con centenares de personas concentradas en un solo lugar sin interacionar realmente entre si? ¿Por qué los niños y los jóvenes no interaccionan con la ciudad y la usan como base para el aprendizaje?

Y a partir de aquí empiezo a fantasear con equipos multidisciplinares de maestros a cargo de grupos de alumnos heterogeneos (también en edad), con una “base de operaciones” (un local, una pequeña escuela, un aula) desde la cual utilizar la ciudad para aprender. Bibliotecas, polideportivos, talleres, empresas, comercios, calles, parques, museos, auditorios… todo como un enorme campo de aprendizaje en el que llevar a cabo proyectos de investigación, de creación o de servicio. Niños y jóvenes interaccionando entre sí y también con los adultos que viven y trabajan en su ciudad. Cuanto más lo pienso, más me gusta. ¿Por qué ha de ser la escuela una institución pesada y grande? ¿Por qué no algo pequeño, flexible, cercano y ágil?
Las grandes instituciones escolares se idearon en un momento en que el mundo del trabajo giraba entorno de grandes y masivas fábricas. Obreros confluyendo en un único gran edificio. Hoy en día, una ciudad acoge pequeños negocios por doquier, profesionales en despachos compartidos, medianas empresas… El trabajo ha cambiado, la vida en la ciudad también. ¿No podría cambiar la escuela?
Por mi parte, cuanto más lo pienso, más me gusta la idea.

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