diumenge, 23 de novembre de 2014

Desenterrant el silenci

Aquest article va ser publicat a Kireei en castellà el 23 de novembre de 2014: Desenterrar el silencio.

Desenterrant el silenci

Totes les fotografies són de Sergi Bernal


 

"El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo. La gente va allí a bañarse. Yo no he visto nunca el mar. El maestro dice que iremos a bañarnos.”

Un estiu, fa 78 anys, els nens de Bañuelos de Bureba - un poble de 200 habitants, sense llum ni aigua corrent - estaven entusiasmats: el mestre els anava a portar a conèixer el mar. Feia només dos anys que Antoni Benaiges havia estat assignat pel Ministeri d'Educació de la República a l'escola rural d'aquest petit poble de la província de Burgos. Havia nascut a Mont-Roig del Camp i el seu principal desig era ensenyar els seus alumnes a ser lliures. Feia servir la metodologia de Célestin Freinet, basada en la participació dels alumnes i la impremta escolar. Les paraules sobre el mar que encapçalen aquest escrit les va escriure la Lucía Carranza, una alumna, a un dels quaderns que s'elaboraven a l'escola. Aquestes obres creades a la impremta escolar, que el mateix Antoni havia comprat només arribar al poble, van ser enviades a tall de petites publicacions periòdiques a altres escoles: van arribar exemplars a Escòcia, Cuba, Argentina, França, Mèxic, Catalunya... Els quaderns, íntegrament escrits i il·lustrats pels nens, parlen de la vida quotidiana del poble, de les seves esperances i il·lusions.
Però els nens mai no van arribar a pujar a aquell autocar que els havia de portar a veure el mar. És juliol de 1936, es produeix l'aixecament militar i l'Antoni és detingut, torturat, afusellat i enterrat a una fosa comuna de La Pedraja. Després, el silenci i l'oblit.


Passen 74 anys i un dia d'agost de 2010, mentre un equip d'arqueòlegs i forenses treballen exhumant cossos a la fosa de La Pedraja, les restes d'Antoni Benaiges surten a la llum. Els fils de la història es fan visibles. El fotògraf Sergi Bernal fotografia les restes de l'escola abandonada, els rostres dels seus alumnes que encara viuen, ara ancians, i les pàgines d'alguns quaderns que han guardat. D'aquí neix l'exposició "Desenterrant el silenci: un mestre català a una fosa de Burgos". Després, el mateix fotògraf, juntament amb el periodista Francesc Escribano, l'antropòleg Francisco Ferràndiz i la historiadora Queralt Solé, escriuen un llibre: "Antoni Benaiges, el mestre que va prometre el mar". I, finalment, el documentalista Alberto Bougleux, gràcies a un Verkami, realitza el documental "El Retratista" a partir de l'exposició fotogràfica de Sergi Bernal.


L'Antoni creia en principis que avui, tants anys després, han de ser defensats com si fossin quelcom nou i alternatiu: convertir el nen en el centre de l'aprenentatge, educar per la llibertat i la democràcia, no només pel mercat de treball, i fer de la participació i l'activitat el motor de l'aprenentatge. Però això és una amenaça per aquells que volen controlar una població fàcilment manipulable i per aquest motiu l'Antoni va ser un dels primers a caure. M'agradaria pensar que la mort d'aquest humil mestre rural no va ser debades i que podem aprendre de la seva experiència. Per això des d'aquí el meu agraïment al Sergi Bernal que, amb l'ajuda d'altres, ha recuperat la memòria d'Antoni Benaiges, inspirat potser per les paraules de Màrius Torres: "O pare de la nit, del mar i del silenci, jo vull la pau - però no vull l'oblit." 


 


* Blog de l'associació Escuela de Benaiges, que pretèn restaurar l'escola i convertir-la en espai físic de memòria del mestre Antoni Benaiges i la seva tasca educativa: Asociación Escuela Benaiges. 

dimarts, 18 de novembre de 2014

L'escola no és l'únic lloc on es pot aprendre...

Sobre aquesta afirmació que sembla obvia anava el meu últim article pel blog Kireei que per l'afinitat amb les coses que tracto en aquí he volgut compartir.
Relacionat amb el concepte de "ciutat educadora" que apareix a l'article, també us vull recomanar la lectura de "La ciudad para todos. Participación, democracia e inclusión".

Article publicat originalment al blog Kireei el 16 de novembre de 2014.

¿Por qué aprender solamente dentro de una escuela?




“Para educar a un niño hace falta una tribu entera”, dice un proverbio africano a menudo citado. ¿Y dónde tenemos nuestra tribu?, me pregunto. Podemos entender que nos referimos a la familia extendida, a los amigos, a los vecinos… pero lo cierto es que hay muchas familias que viven sin una tribu a la que recurrir para educar a sus niños. Cuentan con la escuela y con nada más. Pero… ¿es la escuela entendida como microcosmos (más o menos poroso) suficiente?
La escuela es una pieza más en un rompecabezas más extenso, que es la ciudad (o, por extensión, el medio urbano, aunque sea un nucleo de población pequeño). La ciudad educa sin querer: con los espacios públicos que ofrece, con las desigualdades que no evita, con el ocio que permite, con su permeabilidad o impermeabilidad a la participación del ciudadano… La ciudad es el escenario de la vida de todos sus habitantes, desde el más pequeño al más anciano.

Hoy pienso en esto porque esta semana se está celebrando en Barcelona el XIII Congreso Internacional de Ciudades Educadoras. Este año los ejes temáticos son la inclusión, la participación y la creatividad.

Pero entonces se me cruzan los cables y mezclo la idea de ciudad educadora con la de “micro-schooling” (aquí tenéis un ejemplo). Y me empiezo a hacer preguntas: ¿Por qué disponer de caras instalaciones escolares si la ciudad está llena – y si no lo está, debería – de espacios públicos de todo tipo que están infrautilizados la mayor parte del día? ¿Por qué los niños deben estar separados por edades? ¿Es necesario tener instituciones tan masivas, con centenares de personas concentradas en un solo lugar sin interacionar realmente entre si? ¿Por qué los niños y los jóvenes no interaccionan con la ciudad y la usan como base para el aprendizaje?

Y a partir de aquí empiezo a fantasear con equipos multidisciplinares de maestros a cargo de grupos de alumnos heterogeneos (también en edad), con una “base de operaciones” (un local, una pequeña escuela, un aula) desde la cual utilizar la ciudad para aprender. Bibliotecas, polideportivos, talleres, empresas, comercios, calles, parques, museos, auditorios… todo como un enorme campo de aprendizaje en el que llevar a cabo proyectos de investigación, de creación o de servicio. Niños y jóvenes interaccionando entre sí y también con los adultos que viven y trabajan en su ciudad. Cuanto más lo pienso, más me gusta. ¿Por qué ha de ser la escuela una institución pesada y grande? ¿Por qué no algo pequeño, flexible, cercano y ágil?
Las grandes instituciones escolares se idearon en un momento en que el mundo del trabajo giraba entorno de grandes y masivas fábricas. Obreros confluyendo en un único gran edificio. Hoy en día, una ciudad acoge pequeños negocios por doquier, profesionales en despachos compartidos, medianas empresas… El trabajo ha cambiado, la vida en la ciudad también. ¿No podría cambiar la escuela?
Por mi parte, cuanto más lo pienso, más me gusta la idea.

dissabte, 1 de novembre de 2014

Ser mare

Article escrit per Kireei i publicat l'1 de novembre de 2014. Ser madre.

Imatge d'Alvaro Sanz.


Ser madre no es solo biología. De hecho, no es la biología lo que lo define, puesto que se puede ser madre sin mediar concepción ni parto.
Ser madre no es sacrificio aunque, como en tantas cosas en la vida, haya a veces que esforzarse mucho.
Ser madre no es ser acreedora de un pago, puesto que una de las partes era menor en el momento del contrato y jamás pudo contraer obligación alguna.
Ser madre no es algo que te pasa cuando tienes un bebé, y luego un niño pequeño, y luego… una espesa niebla, como si la maternidad durara solo unos añitos.
Ser madre no es ser propietaria de un ser humano, ni ser propiedad de nadie.
Ser madre no es ser una súper mujer, no es sentirse culpable, no es tener miedo a perder el tren, no es constatar que ya lo has perdido, no es apuesta, no es renuncia. O no debería serlo.
No se bien lo que es ser madre. Quizá ser madre es solamente tener un hijo o una hija y hacerse responsable de la decisión tomada con todas sus consecuencias.
Lo único que tengo claro es que ser madre te cambia pero no te convierte en un estereotipo, por mucho que algunas personas e instituciones actúen como si lo fueras.
Esto es todo lo que tengo que decir sobre ser madre, aunque en realidad he hablado sobre todo de lo que no es ser madre. Creía que podría decir mucho más, y sin duda durante los primeros años habría escrito más cosas. Pero el tiempo pasa y me he dado cuenta de que sé muy poco de la experiencia genérica de ser madre, si es que tal cosa existe. Solamente sé lo que yo he vivido, lo que yo he sentido. Y al respecto, tengo algunos reproches que hacerle a la sociedad (pobre sociedad, siempre tiene la culpa de todo).
Querida (o no tan querida) sociedad:
No me mires con compasión porque un día decidí quedarme en casa a cuidar de mis niños, que he oído que llamabas mala madre a otra que volvió a la oficina antes de los cuatro meses porque veía peligrar su puesto de trabajo.
¡Eh, tú! ¡Sí, tú! No me desapruebes porque di teta más de dos años, cuando también te he visto criticar a otras por no haberle dado ni tres meses.
¿No te parece bien que tenga tres hijos con los tiempos que corren? ¿Pero uno es poco? ¿Y no tener hijos es de egoista? Oye, ¿hay alguna manera de hacer algo bien en este mundo?
¡Anda! ¿Y por qué crees que voy a ser mala trabajadora por el hecho de tener hijos? ¿Por qué me preguntas si quiero ser madre en la entrevista de trabajo?
Perdona pero… ¿crees que faltar al trabajo por llevar al niño al pediatra solo voy a hacerlo yo y nunca el padre de las criaturas? ¿Y te parece que salir antes para ir a ver el partido es más razonable que para una reunión en la escuela?
¡Escucha! Estoy bastante quejosa. Estoy decepcionada. Enfadada incluso. No me han salido las cosas como quería, no se si por culpa mía, o por culpa tuya, maldita sociedad.
Pero una cosa es segura: nada de esto tiene que ver con ser madre. Son cosas que pasan en la vida, son cosas que hay que cambiar o mejorar. Pero la maternidad es otra cosa, algo mío, que no quiero dejar que me estropee nada. Ni una carrera laboral frustrada, ni una “demasiado existosa”, ni las expectativas de los vecinos. Ni tampoco mis propias expectativas, porque ser madre no se parece del todo a lo que había imaginado.