diumenge, 21 de desembre de 2014

dijous, 18 de desembre de 2014

Regalar llibres


Aquest article el vaig escriure per encàrrec del blog Batiscafo i va ser publicat per primer cop allà el 18 de desembre de 2014. 


Regalar libros

Il·lustració de Coaner

De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo… Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria”. Jorge Luis Borges.

Cuando regalas un libro no estás regalando un objeto, no es papel y tinta, no. Cuando regalas un libro estás regalando la posibilidad de poner en contacto dos mentes separadas por el tiempo y el espacio. Estás ofreciendo la posibilidad de recrear ideas, pensamientos, mundos… de reinterpretarlos, de conectar con otro y a la vez desconectar de todo. Con un libro regalas una cerilla que, si se usa bien, puede hacer saltar una chispa e incluso encender una hoguera. Un fuego que tal vez arda para siempre.

Claro que te arriesgas a que el libro se convierta en un mero objeto decorativo en casa del agasajado. Un lomo muy visto para unas páginas nunca visitadas. Es un destino triste para un libro pero no menos digno que el de muchos objetos de los que nos rodeamos. Sin embargo, la mera posibilidad de que un día unos ojos recorran las letras y se produzca el milagro…

Si el receptor del regalo es un niño, todavía mejor. Hay personas que creen que todo lo de los niños no vale, es pobre, es “infantil” y, por lo tanto, irrelevante. Que con unos dibujos coloridos ya vale; “total, lo van a romper enseguida”. No puedo estar más en desacuerdo. Suscribo, en cambio, las palabras de Vicente Ferrer Azcoiti: “Según mi opinión, si tiene algún sentido hacer libros, tiene sentido sobre todo hacerlos para los niños. Porque el mundo (y a veces nos olvidamos) es de los niños. Los mejores libros deben ser para los niños, las mejores historias, los mejores dibujos, el mejor papel, las primeras estanterías. Nada de repartir las sobras y condenar a los niños al rincón más apartado de las librerías, nada de dedicarles textos poco exigentes y dibujos que no son sino una caricatura triste de lo que hacen los mismos niños. Eso no está bien, no es bonito.

Para entrar en el mapa de la imaginación de un niño – magistralmente descrito, por cierto, por J.M.Barrie en Peter Pan y Wendy – hay que hacerlo con reverencia, con respeto, y llevando solamente lo mejor que podamos ofrecer. Los niños son futuro, y hay que cultivar ese futuro, pero sobre todo son presente, y hay que dignificarlo.

Creo, como Gianni Rodari, en el valor liberador de la palabra y en el poder de la fantasía.

divendres, 12 de desembre de 2014

Lectures infantils


M'ha fet gràcia recuperar aquest escrit que vaig fer ja fa força temps, quan els meus fills grans tenien 7 i 4 anys. Quins records! Però els comentaris que faig sobre els llibres encara són vigents. El comparteixo per si algú en pot treure profit. 

Il·lustració d'E. H. Shepard

Aquest estiu els meus fills han descobert el Rovelló – i han trigat força a adonar-se de que els dibuixos que havien vist a casa de les cosines alguna vegada s’hi basaven, tot i la “pista” del nom del gos! L’obra d’en Josep Vallverdú és magnífica, jo l’havia llegida de petita però em feia por tenir certa decepció (com m’ha passat amb les obres d’en Sebastià Sorribas que, de totes maneres, han encantat els nens). Ja tenim el llibre endreçat per tornar-hi tan bon punt se’ns comencin a esborrar els detalls...
També ha triomfat El petit Nicolas, de Sempé i Goscinny, tot i la distància entre l’escola que viuen els nens d’avui i la d’aquest petit Nicolas, que s’aproparia més a la dels avis si no fos pel petit detall del franquisme i de que això no és França, ni amb prou feines Europa (inseriu aquí un sospir).
La casa més gran del món, de Leo Lionni, gairebé els fa plorar, i Cosita Linda els ha desvetllat l’interès per King Kong. Per què vivim als afores de la ciutat?, que ha agradat molt al gran i ha deixat indiferent al petit, m’ha semblat agredolç i original, però encara ens te trasbalsats per haver-hi llegit “calcetins” (ho edita Tàndem, editorial valenciana).
I després de passar el vespre llegint tot això als nens, me n’anava a fer les meves pròpies lectures. Però he aparcat de moment els llibres per a adults i estic engrescada de ple amb la literatura infantil. Després del Llibre de fades de l’Arthur Rackham (que no ha escrit ell perquè son contes tradicionals i on no hi ha pràcticament fades, però que està meravellosament il·lustrat), m’hi he posat amb les Historias de Winny de Puh (edició de Valdemar, en castellà... qui s’anima a fer-ne una en català?!?) i amb Peter Pan i Wendy (de Joventut, traduïda per Manent.... em sona estrany després d’haver llegit l’obra en castellà traduïda per no recordo qui).
Per qui només tingui com a referència dels contes tradicionals les adaptacions de Disney (i això en els millor del casos, perquè corren altres adaptacions que fan feredat) pot resultar un xic sorprenent la salvatgina i la cruesa de les històries recopilades per Rackham, a més de l’absència total de correcció política.... és a dir, tota una delícia. Ho recomano molt... inclosa la lectura en veu alta als nens de la casa. Reprendré aquesta tasca properament, després de l’èxit de l’any passat amb un recull de contes de Grimm i un altre d’Andersen (versions traduïdes amb més o menys encert, però no adaptades).
De Winny i de Peter Pan en podríem dir quelcom semblant... Hi hem d’afegir, a més, l’autèntic esperit infantil – egocentrista, variable, tendre i cruel alhora, curiós, infatigable, fidel, generós i egoista, capaç de passar de la fantasia a la realitat com si res – que hi és ben representat. Les pors més profundes dels nens, els seus anhels i preocupacions, l’autèntica diversió, la infantesa... tot està allà recollit i reflectit ens uns personatges que han esdevingut mites populars per mèrits propis. Fins i tot tergiversats, adaptats i maquillats, han cridat l’atenció de moltes generacions. Crec que val la pena posar-los a disposició dels nens en la seva versió original. Allà estan, a la nostra biblioteca, esperant despertar la curiositat dels petits de la casa. De moment, ja estan ben amortitzats: jo n’he tret més profit que de molts llibres per a adults amb aires de grandesa.

dissabte, 6 de desembre de 2014

¿Celebrar la Navidad ya no es lo mismo?

Publicado originalmente en Kireei.



El domingo pasado en casa encendimos la primera vela de la corona de Adviento. Este ritual forma parte de las tradiciones familiares navideñas que hemos ido construyendo con los años: encender las velas, abrir cada ventanita del calendario, montar el pesebre, “fer cagar el tió”, los regalos del piano… Como véis, hay tradiciones compartidas y otras particulares de nuestra propia familia.
¿Por qué hacemos todo eso? Mientras encendía la primera vela de la corona de adviento me hacía esta misma pregunta. Mi hijo mayor, ya adolescente, contemplaba la escena desde el sofá con aparente indiferencia. El mediano, preadolescente, se acercó un momento y enseguida se marchó. Solamente la pequeña siguió todo el proceso con interés, solamente a ella le brillaron los ojos y solamente ella me pidió ser la encargada de soplar la llama cuando tocara apagarla.
Los tiempos en que los dos mayores eran pequeños y la pequeña todavía no existía empiezan a quedar lejos. Recuerdo sus manitas sobre la mesa, una sobre la otra, para no tocar sin querer la llama ¡tan peligrosa que quema! Sus preguntas, sus inquietudes, sus ojos bien abiertos escuchando la primera carta de Papá Noel de Tolkien. Su ilusión cada mañana al abrir el calendario y encontrar una canica o una pegatina. Su inocencia.
El mismo domingo lo comentaba con una amiga cuyas hijas también se van haciendo mayores: ya no es como antes. “Espero que algo les quede y al menos lo recuerden con cariño cuando crezcan”, me dijo. Estoy convencida de ello. Lo estoy porque yo recuerdo con enorme cariño el pan rústico de dos quilos que compraba mi madre para que yo lo vaciara y montara dentro el portal de Belén. Un día dejé de hacer el pesebre y más adelante llegué a pensar que odiaba la Navidad. Pero los recuerdos se quedaron escondidos, esperando para salir y tomar un nuevo sentido con el paso del tiempo.
Recuerdo también haberme reído del pesebre de mi (entonces futura) suegra, que tenía unas gallinas más grandes que los camellos. Cada año ella recogía arena, musgo, troncos… y montaba un pesebre gigantesco con figuras dispares recopiladas a lo largo de los años. Me parecía una excentricidad y un capricho porque, por aquel entonces, a mi arrogante entender, los pesebres eran cosas de críos. Ahora que ella ya no está pienso en aquel pesebre con tanto cariño que las lágrimas se me saltan. La veo colocando sus lucecitas y ahora la entiendo.
Todo lo que hacemos tiene su significado y su eco en el futuro, no solo en el nuestro sino en el de las personas que nos rodean.
Por eso, el debate acerca del consumismo navideño – aún estando totalmente de acuerdo en lo absurdo de comprar por comprar y lo necesario que es tener presente la cuestión ética – no es lo que más me preocupa cuando veo a la gente preparando los regalos navideños. Lo que me preocupa es la intención. ¿Estamos cumpliendo con una rutinaria obligación social? ¿O estamos llenando de gestos, emociones y afectos nuestros recuerdos y los de nuestros seres queridos? En el futuro habremos olvidado la mayoría de los regalos que nos hicieron y casi todos los que hicimos. Pero recordaremos el tiempo dedicado a pensar en el otro, la ilusión al ver los paquetes bajo el árbol, la emoción de desenvolverlos, los abrazos y las risas.
¡Feliz segundo domingo de Adviento! ¡Solamente quedan dos más y estará aquí la Navidad!

dimarts, 2 de desembre de 2014

Espais escolars, per a un aprenentatge més autònom i competencial

Aquest article el vaig escriure per la revista Perspectiva Escolar i va ser publicat originalment al número 378. Pensar, construir i habitarLes fotografies que il·lustren aquest article no són les mateixes que apareixen a la versió en paper de la revista. 






L’escola és l’entorn on tenen lloc una part important dels aprenentatges dels infants i dels adolescents. Com influeix l’entorn escolar en aquests processos d’aprenentatge? Serveixen els espais escolars tal com van ser dissenyats al segle XIX per a respondre a les necessitats educatives del segle XXI?

Estètica, ergonomia i acústica.

"L'entorn de l'aula pot afectar el progrés acadèmic d'un nen durant un any fins a un 25%". Aquesta és la conclusió d’un estudi realitzat durant el curs acadèmic 2011-2012 per la Universitat de Saldford i l’estudi d’arquitectes Nightingale Associates . A l’estudi van participar 751 infants de primària de Blackpool, Anglaterra, repartits en 34 aules amb diferents entorns d’aprenentatge. Es va avaluar per una banda el nivell en matemàtiques, lectura i escriptura dels infants tant a l’inici com al final del curs acadèmic. Per una altra banda, es van avaluar les condicions de les aules: orientació, llum natural, soroll, temperatura, qualitat de l’aire, flexibilitat de l’espai, emmagatzematge, organització i ús del color.
Aquest estudi segurament no ens resultarà sorprenent: tots entenem que un entorn físic agradable, acollidor i que disposa dels elements necessaris ens farà la feina més fàcil i còmoda i, segurament, el resultat que obtindrem serà millor.
Però com es desprèn de l’estudi, no és només un tema estètic. En conjunt, hi ha tres elements que sovint no es tenen massa en compte i que poden condicionar molt l'èxit o fracàs d'un projecte educatiu. Un és l'estètica, que ja he mencionat, i que condiciona el nostre estat d'ànim, la nostra predisposició al treball i la nostra percepció del que ens ofereix l'escola. Un altre és l'ergonomia, un factor imprescindible per a poder assegurar el rendiment i l'eficiència de qualsevol tasca, però també la salut dels que la desenvolupen. Aquí s'inclouen també les condicions lumíniques. I, finalment, un element invisible i que massa sovint s'ignora completament: l'acústica.

Com un espai mal dissenyat pot espatllar una bona experiència educativa.

Fa un temps vaig fer un curs amb un professorat excel·lent i un tema que m’interessava molt i pel qual estava molt motivada. El curs es feia en un institut de secundària, en una aula ordinària. Les cadires eren instruments de tortura, després d'una estona asseguda allà ja no sabia com posar-me. Tres hores després, el mal d'esquena era insuportable. Segons el lloc de l'aula on seies, en un determinat moment el sol començava a tocar-te als ulls. No importava si abaixaves les persianes, perquè les escletxes creaven uns rajos lluminosos que em van provocar maldecap. Vaig optar per seguir la classe amb els ulls tancats i canviar de lloc a les següents sessions. Els fluorescents proporcionaven una llum freda i desagradable. De l'estètica de l'aula no en vull parlar. Però el pitjor de tot va ser, indubtablement, el soroll. L'acústica era infernal, hi havia reverberacions, se sentia el soroll de la gent pel passadís molt més que les nostres pròpies veus. I si a dins de la classe posàvem un vídeo, molestàvem les aules del voltant. Tenint en compte que allà hi feien classe cada dia adolescents d'entre 12 i 18 anys em pregunto: quina mena d'infern podia ser allò?

Nous espais per a una nova escola.

Tots estem d’acord que l’ensenyament del segle XXI no pot ser com el del segle XIX. D’una escola basada en la transmissió de continguts avancem cap a una escola basada en l’adquisició de competències i això capgira moltes altres coses. Les metodologies, de ser purament expositives han passat a centrar-se en l’activitat de l’alumnat i en la seva autonomia. L’avaluació ja no pot ser únicament psicomètrica i basada en exàmens sinó que calen noves estratègies per valorar tant els resultats com el procés i anar cap a una avaluació formadora. L’autoavaluació i la coavaluació prenen cada cop més importància per implicar l’alumne en el seu procés d’aprenentatge i fer-lo més autònom i competent. Moltes escoles practiquen l’aprenentatge per projectes, el treball globalitzat, la transversalitat entre departaments didàctics, l’aprenentatge servei... Això ha donat lloc a repensar els agrupaments dels alumnats, en grups heterogenis tant en quant a nivell com també d’edat. El professor deixa ser l’únic que parla a l’aula i el diàleg es converteix en una eina d’aprenentatge de primer ordre. La cooperació i la interacció esdevenen els elements centrals del procés d’aprenentatge. Tot plegat ens porta, inevitablement, a replantejar els temps i els espais. No només ens hem de preocupar de l’estètica, l’ergonomia i l’acústica adients per una classe magistral sinó que hem de fer un replantejament molt més radical dels espais escolars.
Si mirem fotografies antigues d’oficines i les comparem amb qualsevol oficina moderna – no parlem ja d’oficines revolucionàries en el seu concepte com les de Google o Pixar – veurem que el canvi ha estat radical. Mirem ara les imatges de les escoles de fa 100 anys i comparem-les amb les aules tradicionals que encara trobem sovint. Moltes vegades, i amb totes les excepcions que calgui, les úniques diferències són la presència de tecnologia i alguns detalls estètics menors.
L’entorn escolar, el tercer mestre.

Loris Malaguzzi afirmava que els infants a l’escola tenen tres mestres: els adults, els seus iguals i l’entorn físic. Francesco Tonucci, per la seva banda, afirma que l’escola hauria de proporcionar un entorn ric, que només entrar-hi suposés un acte educatiu, i que els espais haurien de ser adequats amb el mateix criteri i estimació amb el que decorem casa nostra. En això Tonucci recorda Rosa Sensat, que va tenir sempre la voluntat de crear un ambient escolar acollidor, similar al d’una llar. Tonucci també afirma que en comptes d’aules el que caldria són tallers i laboratoris. Els tallers i laboratoris conviden a l’acció, una aula amb pupitres de cara a una pissarra conviden a la passivitat.
Les actituds, expectatives i accions dels alumnes poden estar condicionades per elements de l’entorn, de vegades per elements molt subtils. L’entorn determina les interaccions que l’infant o l’adolescent podrà establir-hi i les accions que seran o no possibles. També condiciona l’ànim amb què s’enfrontarà als reptes que es plantegin, depenent de les emocions que aquest entorn ajudi a generar. La bellesa, vista d’aquesta manera, no és un luxe sinó un dret tal com defensava l’arquitecte E. Nathan Rogers: la bellesa no és una qüestió només d’estètica sinó de dignitat.

Algunes idees pel canvi.

Hem de deixar de pensar en els espais escolars com una cosa immutable i repensar-los tenint en compte aquelles activitats que volem fer-hi, i com fer que l’espai treballi en la mateixa direcció que el projecte de l’escola. Que l’escola tradicionalment s’hagi organitzat en aules, i que a cada aula hi hagi pupitres, cadires i una pissarra al capdavant, on se situa el professor i cap a on miren tots els alumnes, no vol dir que sempre hagi de ser així, ni que sigui la millor manera de treballar en totes les situacions. Desterrem el “sempre s’ha fet així” del nostre argumentari i introduïm la pregunta “què necessitem de l’entorn perquè esdevingui el tercer mestre d’acord amb allò que volem fer?”.
Si volem tenir més d’un mestre a l’aula, potser haurem de treballar amb grups més nombrosos d’alumnes i necessitarem espais més grans. Per contra, si disminuïm ràtios, haurem de disposar d’espais més petits, potser racons dins d’espais oberts per no fragmentar excessivament l’escola. Potser el que cal és disposar d’espais oberts i flexibles que es puguin adaptar a les necessitats del moment. Si els alumnes poden desplaçar-se entre espais, haurem de preveure obertures de pas que afavoreixin el trànsit fluid.
Potser ja no ens caldrà una pissarra. O potser ens en caldran moltes, a totes les parets. Superfícies on compartir dades, informacions i reflexions, no només destinades al mestre sinó a qualsevol alumne que vulgui compartir quelcom amb els seus companys.
Si volem que els nostres alumnes treballin en equip, hem d’assumir que parlaran. No podem pretendre silenci i, per tant, seria convenient contemplar solucions acústiques que afavoreixin l’aprenentatge dialògic sense convertir l’escola en una olla de grills. Potser els panells acústics deixen de ser un luxe i es converteixen en un element clau. Com a exemple, l’escola Northern Beaches Christian School d’Austràlia treballa amb grups de 100 estudiants i 6 professors en un sol espai. Allà els alumnes treballen autònomament de forma individual, en petit grup o, de vegades, en grups més grans. Quan els visitants que els arriben veuen l’escola, se sorprenen del fet que l’espai funcioni tan bé i s’admiren de la seva estètica, mobiliari i disseny. L’equip directiu de l’escola afirma que la clau d’aquest bon funcionament és l’últim element en què es pensa: els panells acústics.
Si pretenem que els nostres alumnes siguin autònoms, sentin l’escola com a seva i es vegin com a protagonistes del seu aprenentatge, per què no pensar l’escola per fer-los sentir com a casa? I si els impliquem en la creació dels espais? I si els co-creem entre tots?



El cas de l’Ørestad College, a Copenhague.

A Dinamarca va tenir lloc una reforma del model pedagògic a secundària focalitzada en la innovació i en l’aprenentatge autònom. Seguint aquestes directrius es va dissenyar l’Ørestad College, una escola pràcticament sense parets interiors i sense divisió en aules. L’escola està organitzada al voltant d’una escala circular que en la seva pujada va creant diferents zones a mesura que va rotant. La visibilitat entre les zones de l’escola és total, i també hi ha transparència amb l’exterior. D’aquesta manera es crea una diversitat d’espais interconnectats i d’una enorme flexibilitat que faciliten l’aprenentatge col·laboratiu. Els arquitectes – l’estudi 3XN – van tenir en compte la manera com els adolescents pensen, aprenen i es relacionen per a crear uns espais adaptats a ells. Volem nois i noies autònoms? Donem-los l’espai per practicar aquesta autonomia i tinguem en compte els seus ritmes biològics, necessitats i estils d’aprenentatge!

Pensant en el futur, ara i aquí.

Des del punt de vista arquitectònic, exemples com els de l’Ørestad College són magnífics, però no estan a l’abast d’una escola ja construïda o sotmesa a certes normatives, i poden no ser adients per a qualsevol projecte. Malgrat això, segur que poden ser un element de reflexió que ens faci posar en dubte tot allò que havíem donat per cert sobre l’arquitectura escolar. Com es comporten i es mouen els infants i els adolescents quan no hi ha una aula tradicional? Quin és el paper del mestre en entorns d’aprenentatge tan diferents? Més enllà dels resultats acadèmics, quins aprenentatges socials o d’autonomia personal tenen lloc en funció de l’entorn? Quin és el grau de satisfacció i motivació dels alumnes i dels mestres? Reflexionar sobre aquestes i altres qüestions pot posar-nos en el camí de l’escola que ens cal pel segle XXI.