dissabte, 21 de febrer de 2015

Una nueva escuela es necesaria


Article publicat originalment a Kireei.com: “Una nueva escuela es necesaria” (21-2-2015)

Il·lustració de Coaner

El pasado 17 de febrero se cumplía un siglo de la muerte de Francisco Giner de los Ríos, fundador de la Institución Libre de Enseñanza en 1876. Los sucesivos movimientos de renovación pedagógica que tuvieron lugar en España no se entienden sin la labor de este visionario que creía que la regeneración democrática de la sociedad solamente podía venir de la educación, cosa en la que yo también creo hoy.

Sin embargo, solo un día después del centenario se publicaba una entrevista a Joan Maria Girona, profesor y psicopedagogo jubilado que se ha dedicado durante muchos años a la docencia en entornos conflictivos y depauperados y que todavía sigue asesorando y colaborando con institutos de secundaria. La conclusión de la entrevista es que la escuela, por sí sola, puede hacer muy poco para eliminar las desigualdades. “Ya no es solo que los alumnos puedan pasar hambre o no tengan dinero para el material escolar, que es gravísimo, es que se añaden otras consecuencias, como la pobreza afectiva o emocional: adolescentes a los que en casa no pueden quererlos lo suficiente porque los padres están desbordados de problemas y que llegan a la escuela con la autoestima por el suelo. Este desánimo hace rendir menos, aunque tengan más capacidades que otros”, afirma.

La regeneración solo vendrá de la educación, pero ¿puede esta tarea ser delegada en la escuela? Cambiando solamente la escuela no conseguimos cambios en profundidad. Dice Joan Maria Girona en otro punto de la entrevista: “Finlandia no tendría los resultados que tiene sin unas buenas políticas de ayuda a las familias. Porque está demostrado que los resultados educativos dependen mucho más de la familia que no de la escuela, esto aquí y en Finlandia”.

La semana pasada os hablaba de que los nuevos tiempos traen consigo nuevos paradigmas. En este sentido se acabó la idea de escuela como compartimento estanco. Ahora necesitamos considerar la escuela como un nodo más de una red que se retroalimenta. Hay que coordinar las políticas sociales con las educativas, considerar los impactos de los problemas sociales y laborales, implicar a familias y entidades de ocio… La escuela no puede ignorar los aspectos emocionales y afectivos, socioculturales y económicos. La escuela no puede ser una isla de virtudes en medio de un entorno hostil del que está desconectada. Es verdad, la escuela no puede hacerlo todo, no puede hacer milagros y, a la vez, podrá hacerlo todo si no lo hace sola.

La nueva escuela que necesitamos puede aprender mucho de iniciativas privadas o públicas que experimentan con éxito otras formas de entender la educación, poniéndolo todo en cuestión – tiempos, espacios, roles – y de las que podemos hablar otro día. Sin embargo opino que el cambio no empezará a ser relevante hasta que estas otras formas de hacer escuela, las que sean beneficiosas para todos los niños, sean incorporadas a la escuela pública en su conjunto, arropada por un cambio en las políticas sociales. Porque solamente cuando consigamos darles algo mejor a todos, incluídos los hijos de los que no pueden o quieren buscar lo mejor, estaremos cambiando realmente la sociedad.

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