dilluns, 18 de maig de 2015

La igualdad por ley no significa igualdad real

Article publicat originalment a Kireei: La igualdad por ley no significa igualdad real





La semana pasada Michelle Obama estuvo en la ceremonia de graduación de una universidad de los Estados Unidos con mayoría de alumnos afro-americanos. En su discurso habló de las dificultades con las que iban a encontrarse los recién graduados solamente por el hecho de ser negros y les animó a sobreponerse y no dejar que la opinión que los demás tuvieran sobre ellos influyera en quienes eran realmente. Su discurso ha suscitado fuertes críticas por parte de algunas personas que creen que fue un discurso victimista, que la ley es igual para todos y que, por lo tanto, no existe el racismo contra los negros ya, que si alguno es mal visto es por las cosas malas que ha hecho él u otros como él, y que hablar de discriminación racial es casi como afirmar que los negros son todos buenos y los blancos todos malos y, por lo tanto, una forma de racismo inverso. Sí, yo misma he leído los comentarios que defienden esta increíble posición. El resumen sería “los negros que se quejan de racismo lo hacen porque son unos victimistas, no quieren esforzarse para salir de sus situaciones de pobreza y demandan tener más derechos que los blancos, a los que acusan de todos sus males”. ¿Alguien lo suscribe?
Este discurso tan delirante yo ya lo había oído antes. Os lo voy a reproducir aquí, a ver si os suena:
“Las mujeres ya no están discriminadas, legalmente son igual que los hombres y todas las leyes que las subordinaban a sus padres o maridos ya no existen. Pueden estudiar, trabajar, votar y hacer exactamente lo mismo que los hombres. Si quieren y se esfuerzan, claro. La igualdad está aquí. Y si hay mujeres que se quejan es porque son como los machistas de antaño pero al revés, unas hembristas (o feminazis) que quieren tener más derechos que los hombres, que odian a los hombres . “ Parece que el discurso sea una locura, pero creo que nos sorpenderíamos al saber cuanta gente lo tiene interiorizado sin ser consciente de ello. ¡Incluídas muchas mujeres!
Hace un par de días escuché en la radio a una psicóloga que comentaba que la violencia de género está cada vez más presente entre los adolescentes. Los jovenes de hoy tienen la teoría sobre la igualdad muy clara, pero sus carencias afectivas y emocionales los convierten en potenciales agresores y víctimas. Me pareció interesante (y preocupante, también). Por un lado, creo que sería interesante descubrir de dónde vienen todas esas carencias afectivas y emocionales, y descubrir como prevenirlas antes de tener que curarlas cuando quizá es tarde. Sospecho que la crianza y la educación tienen mucho que ver. Por otro lado, me devuelve a lo que os contaba: nuestros jóvenes tienen tan interiorizado que “todos somos iguales” que no conciben que situaciones que están viviendo y que, correctamente analizadas, son claramente de abuso, lo sean en realidad, puesto que admitirlo sería una actitud victimista y débil. O feminazi, que es peor. No son celos, es pasión. No es acoso, es amor. No es agresión, es romance.
Que las leyes proclamen la igualdad no significa que la igualdad sea real. Que los derechos humanos se hayan suscrito no significa que se respeten. Ser víctima y denunciarlo no es ser victimista. Ser del color, etnia, nacionalidad, género o grupo social del culpable no nos obliga a defenderlo frente a la víctima, ni nos hace culpables a nosotros al reconocer a la víctima. La igualdad no es algo que existe desde la fecha en que se promulgó cierta ley. Es algo que se construye (o se destruye) cada día.
Por todo ello, deberíamos enseñar a nuestros niños y adolescentes a ser conscientes de esta realidad, a no dar nada por supuesto y a no bajar la guardia. Y, por supuesto, antes que nada, deberíamos procurarles una crianza y una educación que cubrieran sus necesidades afectivas y los dotaran de la autoestima necesaria para no encajar el papel de víctimas o agresores con facilidad. Una crianza y una educación basadas en los hechos y en el ejemplo, y no en los discursos teóricos, a menudo tan vacíos de realidad.

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