diumenge, 21 de desembre de 2014

dijous, 18 de desembre de 2014

Regalar llibres


Aquest article el vaig escriure per encàrrec del blog Batiscafo i va ser publicat per primer cop allà el 18 de desembre de 2014. 


Regalar libros

Il·lustració de Coaner

De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo… Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria”. Jorge Luis Borges.

Cuando regalas un libro no estás regalando un objeto, no es papel y tinta, no. Cuando regalas un libro estás regalando la posibilidad de poner en contacto dos mentes separadas por el tiempo y el espacio. Estás ofreciendo la posibilidad de recrear ideas, pensamientos, mundos… de reinterpretarlos, de conectar con otro y a la vez desconectar de todo. Con un libro regalas una cerilla que, si se usa bien, puede hacer saltar una chispa e incluso encender una hoguera. Un fuego que tal vez arda para siempre.

Claro que te arriesgas a que el libro se convierta en un mero objeto decorativo en casa del agasajado. Un lomo muy visto para unas páginas nunca visitadas. Es un destino triste para un libro pero no menos digno que el de muchos objetos de los que nos rodeamos. Sin embargo, la mera posibilidad de que un día unos ojos recorran las letras y se produzca el milagro…

Si el receptor del regalo es un niño, todavía mejor. Hay personas que creen que todo lo de los niños no vale, es pobre, es “infantil” y, por lo tanto, irrelevante. Que con unos dibujos coloridos ya vale; “total, lo van a romper enseguida”. No puedo estar más en desacuerdo. Suscribo, en cambio, las palabras de Vicente Ferrer Azcoiti: “Según mi opinión, si tiene algún sentido hacer libros, tiene sentido sobre todo hacerlos para los niños. Porque el mundo (y a veces nos olvidamos) es de los niños. Los mejores libros deben ser para los niños, las mejores historias, los mejores dibujos, el mejor papel, las primeras estanterías. Nada de repartir las sobras y condenar a los niños al rincón más apartado de las librerías, nada de dedicarles textos poco exigentes y dibujos que no son sino una caricatura triste de lo que hacen los mismos niños. Eso no está bien, no es bonito.

Para entrar en el mapa de la imaginación de un niño – magistralmente descrito, por cierto, por J.M.Barrie en Peter Pan y Wendy – hay que hacerlo con reverencia, con respeto, y llevando solamente lo mejor que podamos ofrecer. Los niños son futuro, y hay que cultivar ese futuro, pero sobre todo son presente, y hay que dignificarlo.

Creo, como Gianni Rodari, en el valor liberador de la palabra y en el poder de la fantasía.

divendres, 12 de desembre de 2014

Lectures infantils


M'ha fet gràcia recuperar aquest escrit que vaig fer ja fa força temps, quan els meus fills grans tenien 7 i 4 anys. Quins records! Però els comentaris que faig sobre els llibres encara són vigents. El comparteixo per si algú en pot treure profit. 

Il·lustració d'E. H. Shepard

Aquest estiu els meus fills han descobert el Rovelló – i han trigat força a adonar-se de que els dibuixos que havien vist a casa de les cosines alguna vegada s’hi basaven, tot i la “pista” del nom del gos! L’obra d’en Josep Vallverdú és magnífica, jo l’havia llegida de petita però em feia por tenir certa decepció (com m’ha passat amb les obres d’en Sebastià Sorribas que, de totes maneres, han encantat els nens). Ja tenim el llibre endreçat per tornar-hi tan bon punt se’ns comencin a esborrar els detalls...
També ha triomfat El petit Nicolas, de Sempé i Goscinny, tot i la distància entre l’escola que viuen els nens d’avui i la d’aquest petit Nicolas, que s’aproparia més a la dels avis si no fos pel petit detall del franquisme i de que això no és França, ni amb prou feines Europa (inseriu aquí un sospir).
La casa més gran del món, de Leo Lionni, gairebé els fa plorar, i Cosita Linda els ha desvetllat l’interès per King Kong. Per què vivim als afores de la ciutat?, que ha agradat molt al gran i ha deixat indiferent al petit, m’ha semblat agredolç i original, però encara ens te trasbalsats per haver-hi llegit “calcetins” (ho edita Tàndem, editorial valenciana).
I després de passar el vespre llegint tot això als nens, me n’anava a fer les meves pròpies lectures. Però he aparcat de moment els llibres per a adults i estic engrescada de ple amb la literatura infantil. Després del Llibre de fades de l’Arthur Rackham (que no ha escrit ell perquè son contes tradicionals i on no hi ha pràcticament fades, però que està meravellosament il·lustrat), m’hi he posat amb les Historias de Winny de Puh (edició de Valdemar, en castellà... qui s’anima a fer-ne una en català?!?) i amb Peter Pan i Wendy (de Joventut, traduïda per Manent.... em sona estrany després d’haver llegit l’obra en castellà traduïda per no recordo qui).
Per qui només tingui com a referència dels contes tradicionals les adaptacions de Disney (i això en els millor del casos, perquè corren altres adaptacions que fan feredat) pot resultar un xic sorprenent la salvatgina i la cruesa de les històries recopilades per Rackham, a més de l’absència total de correcció política.... és a dir, tota una delícia. Ho recomano molt... inclosa la lectura en veu alta als nens de la casa. Reprendré aquesta tasca properament, després de l’èxit de l’any passat amb un recull de contes de Grimm i un altre d’Andersen (versions traduïdes amb més o menys encert, però no adaptades).
De Winny i de Peter Pan en podríem dir quelcom semblant... Hi hem d’afegir, a més, l’autèntic esperit infantil – egocentrista, variable, tendre i cruel alhora, curiós, infatigable, fidel, generós i egoista, capaç de passar de la fantasia a la realitat com si res – que hi és ben representat. Les pors més profundes dels nens, els seus anhels i preocupacions, l’autèntica diversió, la infantesa... tot està allà recollit i reflectit ens uns personatges que han esdevingut mites populars per mèrits propis. Fins i tot tergiversats, adaptats i maquillats, han cridat l’atenció de moltes generacions. Crec que val la pena posar-los a disposició dels nens en la seva versió original. Allà estan, a la nostra biblioteca, esperant despertar la curiositat dels petits de la casa. De moment, ja estan ben amortitzats: jo n’he tret més profit que de molts llibres per a adults amb aires de grandesa.

dissabte, 6 de desembre de 2014

¿Celebrar la Navidad ya no es lo mismo?

Publicado originalmente en Kireei.



El domingo pasado en casa encendimos la primera vela de la corona de Adviento. Este ritual forma parte de las tradiciones familiares navideñas que hemos ido construyendo con los años: encender las velas, abrir cada ventanita del calendario, montar el pesebre, “fer cagar el tió”, los regalos del piano… Como véis, hay tradiciones compartidas y otras particulares de nuestra propia familia.
¿Por qué hacemos todo eso? Mientras encendía la primera vela de la corona de adviento me hacía esta misma pregunta. Mi hijo mayor, ya adolescente, contemplaba la escena desde el sofá con aparente indiferencia. El mediano, preadolescente, se acercó un momento y enseguida se marchó. Solamente la pequeña siguió todo el proceso con interés, solamente a ella le brillaron los ojos y solamente ella me pidió ser la encargada de soplar la llama cuando tocara apagarla.
Los tiempos en que los dos mayores eran pequeños y la pequeña todavía no existía empiezan a quedar lejos. Recuerdo sus manitas sobre la mesa, una sobre la otra, para no tocar sin querer la llama ¡tan peligrosa que quema! Sus preguntas, sus inquietudes, sus ojos bien abiertos escuchando la primera carta de Papá Noel de Tolkien. Su ilusión cada mañana al abrir el calendario y encontrar una canica o una pegatina. Su inocencia.
El mismo domingo lo comentaba con una amiga cuyas hijas también se van haciendo mayores: ya no es como antes. “Espero que algo les quede y al menos lo recuerden con cariño cuando crezcan”, me dijo. Estoy convencida de ello. Lo estoy porque yo recuerdo con enorme cariño el pan rústico de dos quilos que compraba mi madre para que yo lo vaciara y montara dentro el portal de Belén. Un día dejé de hacer el pesebre y más adelante llegué a pensar que odiaba la Navidad. Pero los recuerdos se quedaron escondidos, esperando para salir y tomar un nuevo sentido con el paso del tiempo.
Recuerdo también haberme reído del pesebre de mi (entonces futura) suegra, que tenía unas gallinas más grandes que los camellos. Cada año ella recogía arena, musgo, troncos… y montaba un pesebre gigantesco con figuras dispares recopiladas a lo largo de los años. Me parecía una excentricidad y un capricho porque, por aquel entonces, a mi arrogante entender, los pesebres eran cosas de críos. Ahora que ella ya no está pienso en aquel pesebre con tanto cariño que las lágrimas se me saltan. La veo colocando sus lucecitas y ahora la entiendo.
Todo lo que hacemos tiene su significado y su eco en el futuro, no solo en el nuestro sino en el de las personas que nos rodean.
Por eso, el debate acerca del consumismo navideño – aún estando totalmente de acuerdo en lo absurdo de comprar por comprar y lo necesario que es tener presente la cuestión ética – no es lo que más me preocupa cuando veo a la gente preparando los regalos navideños. Lo que me preocupa es la intención. ¿Estamos cumpliendo con una rutinaria obligación social? ¿O estamos llenando de gestos, emociones y afectos nuestros recuerdos y los de nuestros seres queridos? En el futuro habremos olvidado la mayoría de los regalos que nos hicieron y casi todos los que hicimos. Pero recordaremos el tiempo dedicado a pensar en el otro, la ilusión al ver los paquetes bajo el árbol, la emoción de desenvolverlos, los abrazos y las risas.
¡Feliz segundo domingo de Adviento! ¡Solamente quedan dos más y estará aquí la Navidad!

dimarts, 2 de desembre de 2014

Espais escolars, per a un aprenentatge més autònom i competencial

Aquest article el vaig escriure per la revista Perspectiva Escolar i va ser publicat originalment al número 378. Pensar, construir i habitarLes fotografies que il·lustren aquest article no són les mateixes que apareixen a la versió en paper de la revista. 






L’escola és l’entorn on tenen lloc una part important dels aprenentatges dels infants i dels adolescents. Com influeix l’entorn escolar en aquests processos d’aprenentatge? Serveixen els espais escolars tal com van ser dissenyats al segle XIX per a respondre a les necessitats educatives del segle XXI?

Estètica, ergonomia i acústica.

"L'entorn de l'aula pot afectar el progrés acadèmic d'un nen durant un any fins a un 25%". Aquesta és la conclusió d’un estudi realitzat durant el curs acadèmic 2011-2012 per la Universitat de Saldford i l’estudi d’arquitectes Nightingale Associates . A l’estudi van participar 751 infants de primària de Blackpool, Anglaterra, repartits en 34 aules amb diferents entorns d’aprenentatge. Es va avaluar per una banda el nivell en matemàtiques, lectura i escriptura dels infants tant a l’inici com al final del curs acadèmic. Per una altra banda, es van avaluar les condicions de les aules: orientació, llum natural, soroll, temperatura, qualitat de l’aire, flexibilitat de l’espai, emmagatzematge, organització i ús del color.
Aquest estudi segurament no ens resultarà sorprenent: tots entenem que un entorn físic agradable, acollidor i que disposa dels elements necessaris ens farà la feina més fàcil i còmoda i, segurament, el resultat que obtindrem serà millor.
Però com es desprèn de l’estudi, no és només un tema estètic. En conjunt, hi ha tres elements que sovint no es tenen massa en compte i que poden condicionar molt l'èxit o fracàs d'un projecte educatiu. Un és l'estètica, que ja he mencionat, i que condiciona el nostre estat d'ànim, la nostra predisposició al treball i la nostra percepció del que ens ofereix l'escola. Un altre és l'ergonomia, un factor imprescindible per a poder assegurar el rendiment i l'eficiència de qualsevol tasca, però també la salut dels que la desenvolupen. Aquí s'inclouen també les condicions lumíniques. I, finalment, un element invisible i que massa sovint s'ignora completament: l'acústica.

Com un espai mal dissenyat pot espatllar una bona experiència educativa.

Fa un temps vaig fer un curs amb un professorat excel·lent i un tema que m’interessava molt i pel qual estava molt motivada. El curs es feia en un institut de secundària, en una aula ordinària. Les cadires eren instruments de tortura, després d'una estona asseguda allà ja no sabia com posar-me. Tres hores després, el mal d'esquena era insuportable. Segons el lloc de l'aula on seies, en un determinat moment el sol començava a tocar-te als ulls. No importava si abaixaves les persianes, perquè les escletxes creaven uns rajos lluminosos que em van provocar maldecap. Vaig optar per seguir la classe amb els ulls tancats i canviar de lloc a les següents sessions. Els fluorescents proporcionaven una llum freda i desagradable. De l'estètica de l'aula no en vull parlar. Però el pitjor de tot va ser, indubtablement, el soroll. L'acústica era infernal, hi havia reverberacions, se sentia el soroll de la gent pel passadís molt més que les nostres pròpies veus. I si a dins de la classe posàvem un vídeo, molestàvem les aules del voltant. Tenint en compte que allà hi feien classe cada dia adolescents d'entre 12 i 18 anys em pregunto: quina mena d'infern podia ser allò?

Nous espais per a una nova escola.

Tots estem d’acord que l’ensenyament del segle XXI no pot ser com el del segle XIX. D’una escola basada en la transmissió de continguts avancem cap a una escola basada en l’adquisició de competències i això capgira moltes altres coses. Les metodologies, de ser purament expositives han passat a centrar-se en l’activitat de l’alumnat i en la seva autonomia. L’avaluació ja no pot ser únicament psicomètrica i basada en exàmens sinó que calen noves estratègies per valorar tant els resultats com el procés i anar cap a una avaluació formadora. L’autoavaluació i la coavaluació prenen cada cop més importància per implicar l’alumne en el seu procés d’aprenentatge i fer-lo més autònom i competent. Moltes escoles practiquen l’aprenentatge per projectes, el treball globalitzat, la transversalitat entre departaments didàctics, l’aprenentatge servei... Això ha donat lloc a repensar els agrupaments dels alumnats, en grups heterogenis tant en quant a nivell com també d’edat. El professor deixa ser l’únic que parla a l’aula i el diàleg es converteix en una eina d’aprenentatge de primer ordre. La cooperació i la interacció esdevenen els elements centrals del procés d’aprenentatge. Tot plegat ens porta, inevitablement, a replantejar els temps i els espais. No només ens hem de preocupar de l’estètica, l’ergonomia i l’acústica adients per una classe magistral sinó que hem de fer un replantejament molt més radical dels espais escolars.
Si mirem fotografies antigues d’oficines i les comparem amb qualsevol oficina moderna – no parlem ja d’oficines revolucionàries en el seu concepte com les de Google o Pixar – veurem que el canvi ha estat radical. Mirem ara les imatges de les escoles de fa 100 anys i comparem-les amb les aules tradicionals que encara trobem sovint. Moltes vegades, i amb totes les excepcions que calgui, les úniques diferències són la presència de tecnologia i alguns detalls estètics menors.
L’entorn escolar, el tercer mestre.

Loris Malaguzzi afirmava que els infants a l’escola tenen tres mestres: els adults, els seus iguals i l’entorn físic. Francesco Tonucci, per la seva banda, afirma que l’escola hauria de proporcionar un entorn ric, que només entrar-hi suposés un acte educatiu, i que els espais haurien de ser adequats amb el mateix criteri i estimació amb el que decorem casa nostra. En això Tonucci recorda Rosa Sensat, que va tenir sempre la voluntat de crear un ambient escolar acollidor, similar al d’una llar. Tonucci també afirma que en comptes d’aules el que caldria són tallers i laboratoris. Els tallers i laboratoris conviden a l’acció, una aula amb pupitres de cara a una pissarra conviden a la passivitat.
Les actituds, expectatives i accions dels alumnes poden estar condicionades per elements de l’entorn, de vegades per elements molt subtils. L’entorn determina les interaccions que l’infant o l’adolescent podrà establir-hi i les accions que seran o no possibles. També condiciona l’ànim amb què s’enfrontarà als reptes que es plantegin, depenent de les emocions que aquest entorn ajudi a generar. La bellesa, vista d’aquesta manera, no és un luxe sinó un dret tal com defensava l’arquitecte E. Nathan Rogers: la bellesa no és una qüestió només d’estètica sinó de dignitat.

Algunes idees pel canvi.

Hem de deixar de pensar en els espais escolars com una cosa immutable i repensar-los tenint en compte aquelles activitats que volem fer-hi, i com fer que l’espai treballi en la mateixa direcció que el projecte de l’escola. Que l’escola tradicionalment s’hagi organitzat en aules, i que a cada aula hi hagi pupitres, cadires i una pissarra al capdavant, on se situa el professor i cap a on miren tots els alumnes, no vol dir que sempre hagi de ser així, ni que sigui la millor manera de treballar en totes les situacions. Desterrem el “sempre s’ha fet així” del nostre argumentari i introduïm la pregunta “què necessitem de l’entorn perquè esdevingui el tercer mestre d’acord amb allò que volem fer?”.
Si volem tenir més d’un mestre a l’aula, potser haurem de treballar amb grups més nombrosos d’alumnes i necessitarem espais més grans. Per contra, si disminuïm ràtios, haurem de disposar d’espais més petits, potser racons dins d’espais oberts per no fragmentar excessivament l’escola. Potser el que cal és disposar d’espais oberts i flexibles que es puguin adaptar a les necessitats del moment. Si els alumnes poden desplaçar-se entre espais, haurem de preveure obertures de pas que afavoreixin el trànsit fluid.
Potser ja no ens caldrà una pissarra. O potser ens en caldran moltes, a totes les parets. Superfícies on compartir dades, informacions i reflexions, no només destinades al mestre sinó a qualsevol alumne que vulgui compartir quelcom amb els seus companys.
Si volem que els nostres alumnes treballin en equip, hem d’assumir que parlaran. No podem pretendre silenci i, per tant, seria convenient contemplar solucions acústiques que afavoreixin l’aprenentatge dialògic sense convertir l’escola en una olla de grills. Potser els panells acústics deixen de ser un luxe i es converteixen en un element clau. Com a exemple, l’escola Northern Beaches Christian School d’Austràlia treballa amb grups de 100 estudiants i 6 professors en un sol espai. Allà els alumnes treballen autònomament de forma individual, en petit grup o, de vegades, en grups més grans. Quan els visitants que els arriben veuen l’escola, se sorprenen del fet que l’espai funcioni tan bé i s’admiren de la seva estètica, mobiliari i disseny. L’equip directiu de l’escola afirma que la clau d’aquest bon funcionament és l’últim element en què es pensa: els panells acústics.
Si pretenem que els nostres alumnes siguin autònoms, sentin l’escola com a seva i es vegin com a protagonistes del seu aprenentatge, per què no pensar l’escola per fer-los sentir com a casa? I si els impliquem en la creació dels espais? I si els co-creem entre tots?



El cas de l’Ørestad College, a Copenhague.

A Dinamarca va tenir lloc una reforma del model pedagògic a secundària focalitzada en la innovació i en l’aprenentatge autònom. Seguint aquestes directrius es va dissenyar l’Ørestad College, una escola pràcticament sense parets interiors i sense divisió en aules. L’escola està organitzada al voltant d’una escala circular que en la seva pujada va creant diferents zones a mesura que va rotant. La visibilitat entre les zones de l’escola és total, i també hi ha transparència amb l’exterior. D’aquesta manera es crea una diversitat d’espais interconnectats i d’una enorme flexibilitat que faciliten l’aprenentatge col·laboratiu. Els arquitectes – l’estudi 3XN – van tenir en compte la manera com els adolescents pensen, aprenen i es relacionen per a crear uns espais adaptats a ells. Volem nois i noies autònoms? Donem-los l’espai per practicar aquesta autonomia i tinguem en compte els seus ritmes biològics, necessitats i estils d’aprenentatge!

Pensant en el futur, ara i aquí.

Des del punt de vista arquitectònic, exemples com els de l’Ørestad College són magnífics, però no estan a l’abast d’una escola ja construïda o sotmesa a certes normatives, i poden no ser adients per a qualsevol projecte. Malgrat això, segur que poden ser un element de reflexió que ens faci posar en dubte tot allò que havíem donat per cert sobre l’arquitectura escolar. Com es comporten i es mouen els infants i els adolescents quan no hi ha una aula tradicional? Quin és el paper del mestre en entorns d’aprenentatge tan diferents? Més enllà dels resultats acadèmics, quins aprenentatges socials o d’autonomia personal tenen lloc en funció de l’entorn? Quin és el grau de satisfacció i motivació dels alumnes i dels mestres? Reflexionar sobre aquestes i altres qüestions pot posar-nos en el camí de l’escola que ens cal pel segle XXI.


diumenge, 23 de novembre de 2014

Desenterrant el silenci

Aquest article va ser publicat a Kireei en castellà el 23 de novembre de 2014: Desenterrar el silencio.

Desenterrant el silenci

Totes les fotografies són de Sergi Bernal


 

"El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo. La gente va allí a bañarse. Yo no he visto nunca el mar. El maestro dice que iremos a bañarnos.”

Un estiu, fa 78 anys, els nens de Bañuelos de Bureba - un poble de 200 habitants, sense llum ni aigua corrent - estaven entusiasmats: el mestre els anava a portar a conèixer el mar. Feia només dos anys que Antoni Benaiges havia estat assignat pel Ministeri d'Educació de la República a l'escola rural d'aquest petit poble de la província de Burgos. Havia nascut a Mont-Roig del Camp i el seu principal desig era ensenyar els seus alumnes a ser lliures. Feia servir la metodologia de Célestin Freinet, basada en la participació dels alumnes i la impremta escolar. Les paraules sobre el mar que encapçalen aquest escrit les va escriure la Lucía Carranza, una alumna, a un dels quaderns que s'elaboraven a l'escola. Aquestes obres creades a la impremta escolar, que el mateix Antoni havia comprat només arribar al poble, van ser enviades a tall de petites publicacions periòdiques a altres escoles: van arribar exemplars a Escòcia, Cuba, Argentina, França, Mèxic, Catalunya... Els quaderns, íntegrament escrits i il·lustrats pels nens, parlen de la vida quotidiana del poble, de les seves esperances i il·lusions.
Però els nens mai no van arribar a pujar a aquell autocar que els havia de portar a veure el mar. És juliol de 1936, es produeix l'aixecament militar i l'Antoni és detingut, torturat, afusellat i enterrat a una fosa comuna de La Pedraja. Després, el silenci i l'oblit.


Passen 74 anys i un dia d'agost de 2010, mentre un equip d'arqueòlegs i forenses treballen exhumant cossos a la fosa de La Pedraja, les restes d'Antoni Benaiges surten a la llum. Els fils de la història es fan visibles. El fotògraf Sergi Bernal fotografia les restes de l'escola abandonada, els rostres dels seus alumnes que encara viuen, ara ancians, i les pàgines d'alguns quaderns que han guardat. D'aquí neix l'exposició "Desenterrant el silenci: un mestre català a una fosa de Burgos". Després, el mateix fotògraf, juntament amb el periodista Francesc Escribano, l'antropòleg Francisco Ferràndiz i la historiadora Queralt Solé, escriuen un llibre: "Antoni Benaiges, el mestre que va prometre el mar". I, finalment, el documentalista Alberto Bougleux, gràcies a un Verkami, realitza el documental "El Retratista" a partir de l'exposició fotogràfica de Sergi Bernal.


L'Antoni creia en principis que avui, tants anys després, han de ser defensats com si fossin quelcom nou i alternatiu: convertir el nen en el centre de l'aprenentatge, educar per la llibertat i la democràcia, no només pel mercat de treball, i fer de la participació i l'activitat el motor de l'aprenentatge. Però això és una amenaça per aquells que volen controlar una població fàcilment manipulable i per aquest motiu l'Antoni va ser un dels primers a caure. M'agradaria pensar que la mort d'aquest humil mestre rural no va ser debades i que podem aprendre de la seva experiència. Per això des d'aquí el meu agraïment al Sergi Bernal que, amb l'ajuda d'altres, ha recuperat la memòria d'Antoni Benaiges, inspirat potser per les paraules de Màrius Torres: "O pare de la nit, del mar i del silenci, jo vull la pau - però no vull l'oblit." 


 


* Blog de l'associació Escuela de Benaiges, que pretèn restaurar l'escola i convertir-la en espai físic de memòria del mestre Antoni Benaiges i la seva tasca educativa: Asociación Escuela Benaiges. 

dimarts, 18 de novembre de 2014

L'escola no és l'únic lloc on es pot aprendre...

Sobre aquesta afirmació que sembla obvia anava el meu últim article pel blog Kireei que per l'afinitat amb les coses que tracto en aquí he volgut compartir.
Relacionat amb el concepte de "ciutat educadora" que apareix a l'article, també us vull recomanar la lectura de "La ciudad para todos. Participación, democracia e inclusión".

Article publicat originalment al blog Kireei el 16 de novembre de 2014.

¿Por qué aprender solamente dentro de una escuela?




“Para educar a un niño hace falta una tribu entera”, dice un proverbio africano a menudo citado. ¿Y dónde tenemos nuestra tribu?, me pregunto. Podemos entender que nos referimos a la familia extendida, a los amigos, a los vecinos… pero lo cierto es que hay muchas familias que viven sin una tribu a la que recurrir para educar a sus niños. Cuentan con la escuela y con nada más. Pero… ¿es la escuela entendida como microcosmos (más o menos poroso) suficiente?
La escuela es una pieza más en un rompecabezas más extenso, que es la ciudad (o, por extensión, el medio urbano, aunque sea un nucleo de población pequeño). La ciudad educa sin querer: con los espacios públicos que ofrece, con las desigualdades que no evita, con el ocio que permite, con su permeabilidad o impermeabilidad a la participación del ciudadano… La ciudad es el escenario de la vida de todos sus habitantes, desde el más pequeño al más anciano.

Hoy pienso en esto porque esta semana se está celebrando en Barcelona el XIII Congreso Internacional de Ciudades Educadoras. Este año los ejes temáticos son la inclusión, la participación y la creatividad.

Pero entonces se me cruzan los cables y mezclo la idea de ciudad educadora con la de “micro-schooling” (aquí tenéis un ejemplo). Y me empiezo a hacer preguntas: ¿Por qué disponer de caras instalaciones escolares si la ciudad está llena – y si no lo está, debería – de espacios públicos de todo tipo que están infrautilizados la mayor parte del día? ¿Por qué los niños deben estar separados por edades? ¿Es necesario tener instituciones tan masivas, con centenares de personas concentradas en un solo lugar sin interacionar realmente entre si? ¿Por qué los niños y los jóvenes no interaccionan con la ciudad y la usan como base para el aprendizaje?

Y a partir de aquí empiezo a fantasear con equipos multidisciplinares de maestros a cargo de grupos de alumnos heterogeneos (también en edad), con una “base de operaciones” (un local, una pequeña escuela, un aula) desde la cual utilizar la ciudad para aprender. Bibliotecas, polideportivos, talleres, empresas, comercios, calles, parques, museos, auditorios… todo como un enorme campo de aprendizaje en el que llevar a cabo proyectos de investigación, de creación o de servicio. Niños y jóvenes interaccionando entre sí y también con los adultos que viven y trabajan en su ciudad. Cuanto más lo pienso, más me gusta. ¿Por qué ha de ser la escuela una institución pesada y grande? ¿Por qué no algo pequeño, flexible, cercano y ágil?
Las grandes instituciones escolares se idearon en un momento en que el mundo del trabajo giraba entorno de grandes y masivas fábricas. Obreros confluyendo en un único gran edificio. Hoy en día, una ciudad acoge pequeños negocios por doquier, profesionales en despachos compartidos, medianas empresas… El trabajo ha cambiado, la vida en la ciudad también. ¿No podría cambiar la escuela?
Por mi parte, cuanto más lo pienso, más me gusta la idea.

dissabte, 1 de novembre de 2014

Ser mare

Article escrit per Kireei i publicat l'1 de novembre de 2014. Ser madre.

Imatge d'Alvaro Sanz.


Ser madre no es solo biología. De hecho, no es la biología lo que lo define, puesto que se puede ser madre sin mediar concepción ni parto.
Ser madre no es sacrificio aunque, como en tantas cosas en la vida, haya a veces que esforzarse mucho.
Ser madre no es ser acreedora de un pago, puesto que una de las partes era menor en el momento del contrato y jamás pudo contraer obligación alguna.
Ser madre no es algo que te pasa cuando tienes un bebé, y luego un niño pequeño, y luego… una espesa niebla, como si la maternidad durara solo unos añitos.
Ser madre no es ser propietaria de un ser humano, ni ser propiedad de nadie.
Ser madre no es ser una súper mujer, no es sentirse culpable, no es tener miedo a perder el tren, no es constatar que ya lo has perdido, no es apuesta, no es renuncia. O no debería serlo.
No se bien lo que es ser madre. Quizá ser madre es solamente tener un hijo o una hija y hacerse responsable de la decisión tomada con todas sus consecuencias.
Lo único que tengo claro es que ser madre te cambia pero no te convierte en un estereotipo, por mucho que algunas personas e instituciones actúen como si lo fueras.
Esto es todo lo que tengo que decir sobre ser madre, aunque en realidad he hablado sobre todo de lo que no es ser madre. Creía que podría decir mucho más, y sin duda durante los primeros años habría escrito más cosas. Pero el tiempo pasa y me he dado cuenta de que sé muy poco de la experiencia genérica de ser madre, si es que tal cosa existe. Solamente sé lo que yo he vivido, lo que yo he sentido. Y al respecto, tengo algunos reproches que hacerle a la sociedad (pobre sociedad, siempre tiene la culpa de todo).
Querida (o no tan querida) sociedad:
No me mires con compasión porque un día decidí quedarme en casa a cuidar de mis niños, que he oído que llamabas mala madre a otra que volvió a la oficina antes de los cuatro meses porque veía peligrar su puesto de trabajo.
¡Eh, tú! ¡Sí, tú! No me desapruebes porque di teta más de dos años, cuando también te he visto criticar a otras por no haberle dado ni tres meses.
¿No te parece bien que tenga tres hijos con los tiempos que corren? ¿Pero uno es poco? ¿Y no tener hijos es de egoista? Oye, ¿hay alguna manera de hacer algo bien en este mundo?
¡Anda! ¿Y por qué crees que voy a ser mala trabajadora por el hecho de tener hijos? ¿Por qué me preguntas si quiero ser madre en la entrevista de trabajo?
Perdona pero… ¿crees que faltar al trabajo por llevar al niño al pediatra solo voy a hacerlo yo y nunca el padre de las criaturas? ¿Y te parece que salir antes para ir a ver el partido es más razonable que para una reunión en la escuela?
¡Escucha! Estoy bastante quejosa. Estoy decepcionada. Enfadada incluso. No me han salido las cosas como quería, no se si por culpa mía, o por culpa tuya, maldita sociedad.
Pero una cosa es segura: nada de esto tiene que ver con ser madre. Son cosas que pasan en la vida, son cosas que hay que cambiar o mejorar. Pero la maternidad es otra cosa, algo mío, que no quiero dejar que me estropee nada. Ni una carrera laboral frustrada, ni una “demasiado existosa”, ni las expectativas de los vecinos. Ni tampoco mis propias expectativas, porque ser madre no se parece del todo a lo que había imaginado.

dilluns, 27 d’octubre de 2014

Barcelonas


Article publicat originalment a Kireei 6 (tardor 2014)
Fotografies de Jose Bravo




Barcelonas
Ciudades dentro de la ciudad


Una mañana de finales de invierno tomo un cortado en la terraza de un bar de Barcelona regentado por unas chicas de facciones asiáticas. A su lado, una tienda de ropa con la persiana echada: otro comercio que no ha podido competir con el gran centro comercial que, tras las filas de altos edificios y la herida abierta de las vías del tren, se alza en una zona otro tiempo fabril. Puedo imaginar desde aquí el ajetreo del centro comercial y la desolación de sus alrededores, los edificios de viviendas abandonados en horario laboral. Más allá, talleres, almacenes y un río encajonado entre vías rápidas llenas de vehículos que circulan lentos y apretados.
El ruido de los coches y, sobre todo, de las motos que pasan a escasos metros de nuestra mesa no me permite seguir bien la conversación que intento mantener con mis acompañantes. Sin embargo, no nos interrumpen las voces de los niños de la escuela que hay al otro lado de la calle porque ya acabó la hora del patio y todos están en las aulas. Me los puedo imaginar trabajando en relativo silencio, sentados en sus sillitas, aparentemente atentos a la pizarra o a sus tareas.
Si pudiera volver ahora, así, de repente, a un momento de 150 años atrás, aparecería flotando a dos metros del suelo sobre un terreno de labranza. No estaría en Barcelona sino en un pueblo del Pla de Barcelona. El edificio de la escuela todavía estaría ahí pero no sería una escuela sino una masía a la cual pertenecerían los terrenos sobre los que floto. No habría rastro de la trama urbana. Ni siquiera del edificio en el que está ubicado el bar; un bloque de pisos de los años 30 que muchos considerarían bastante feo y sin interés y que, sin embargo, tiene un piso muestra que hoy mis compañeros de mesa, Joan y Jordi, han enseñado a un grupo de estudiantes de arquitectura extranjeros. ¿Qué tiene de especial?
El edificio se llama Casa Bloc y volveré a visitarlo otro día con Jordi, que me explicará con entusiasmo el valor arquitectónico de este edificio impulsado por la Generalitat en tiempos de la Segunda República para alojar a obreros, dentro de los planes urbanísticos del recientemente estrenado paseo de Torras i Bages. La Casa Bloc se construyó sobre los antiguos terrenos de cultivo pertenecientes a una masía del siglo XVII, Les Carasses. Jordi me hablará de la arquitectura racionalista, del GATCPAC (Grupo de Arquitectos y Técnicos Catalanes para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea). Me explicará cómo los tres arquitectos implicados (Josep Lluís Sert, Josep Torres Clavé i Joan Baptista Subirana) se preocuparon por la ventilación y la iluminación de las viviendas, me hablará de las innovadoras – para el momento – técnicas constructivas. Enumerará con admiración los servicios lúdicos, culturales y educativos de los que iban a disponer los habitantes del edificio que – me recordará – eran gente humilde que vivía en barracas sin servicios de ninguna clase. Me explicará cómo el proyecto quedó truncado con la Guerra Civil y cómo los tres arquitectos sufrieron distinta suerte: el exilio para Sert, la muerte en el frente para Torres y el olvido para Baptista. Me hablará de cómo los vencedores de la guerra se apoderaron del edificio, que jamás fue ocupado por obreros sino por militares, viudas y huérfanos del bando vencedor y, más tarde, policías. Me relatará cómo durante medio siglo el edificio se fue deteriorando y se le anexionó un bloque fantasma levantado sin respetar la filosofía del conjunto arquitectónico. Me explicará un montón de anécdotas y la hora de visita pasará volando. Hoy, derruido el bloque fantasma y finalizado un ambicioso proyecto de rehabilitación, arquitectos del colectivo El globus vermell, al que pertenecen Joan y Jordi, muestran con fines divulgativos la vivienda 1/11, devuelta a su aspecto original. Un viaje en el tiempo 80 años atrás a cambio de una entrada expedida por el Museo del Diseño de Barcelona.
Otro día Marta, también arquitecta de El globus vermell, me acompañará en un itinerario por el barrio de Sant Andreu de Palomar, donde está ubicada la Casa Bloc. Antiguamente este era un pueblo independiente que abastecía de productos de la huerta a Barcelona. Fue anexionado a la ciudad en 1897, y su término municipal está hoy repartido en su mayor parte entre dos distritos. Casi todas sus masías se han perdido, los campos han sido cubiertos por calles y edificios, y algunas de sus fábricas reconvertidas en equipamientos para el barrio. El pretexto del paseo será la llegada del tren de alta velocidad a la ciudad de Barcelona y el parque lineal que se generará siguiendo líneas paralelas a los antiguos caminos romanos y medievales, al acueducto que abastecía a la ciudad romana y al posterior canal de riego (el Rec Comtal), de los que todavía quedan testimonios arqueológicos. Son vías naturales de paso que los siglos y la acción humana no han sustituido. Me hablará, cargada con un enorme montón de láminas, mapas y fotografías, del pasado rural del pueblo, de la revolución industrial y sus efectos, de los edificios que se levantaron y se derruyeron, de la llegada del metro, de la cúpula de la iglesia que se hundió y de la Casa Bloc como proyecto piloto. “¿Piloto de qué?”, le preguntaré. Y me contará que se trataba de un plan urbanístico basado en la idea de ciudad jardín, bautizado como plan Macià, que perseguía el sueño de una ciudad racional, higiénica y práctica, y que quedó olvidado tras la guerra.
Pero todo eso será más adelante. Hoy estoy en esta terraza, ante la Casa Bloc, con Joan y Jordi, que me hablan de su proyecto de divulgación de la arquitectura y de cómo el urbanismo condiciona la vida de la gente. Dentro de un rato largo nos levantaremos, pagaremos, caminaremos juntos hasta sus bicicletas y ellos dos desaparecerán pedaleando sobre un asfalto que cubre otras calzadas, otros caminos, otros campos. Otras ciudades, otras vidas.




Todavía no lo sé, pero tendré que esperar a los primeros días del verano para encontrarme con Elena, arquitecta artífice del proyecto Arquect. Lo haré en la plaza de Sant Agustí Vell, en el barrio de Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera (distrito de Ciutat Vella de Barcelona). Esto sí ha sido Barcelona desde que existe como trama urbana, desde la Baja Edad Media. Llegaré allí después de recorrer algunas calles estrechas y de trazado sinuoso, y me encontraré a Elena de pie, hablando por teléfono. “Estoy llamando para poner una queja. ¿Has visto? No hay bancos en la plaza. No los ponen para que no los ocupen los sin techo.”  Este será el inicio de una conversación presidida por las ideas de participación e inclusión. Elena me hablará de la necesidad de mecanismos duales de formación y participación, que permitan al ciudadano saber lo que necesita y ser tomado en cuenta a la hora de construir una ciudad para las personas y no para los mercados. Me hablará de la calle compartida y de la corresponsabilidad de todos los actores implicados. Señalará acciones como la pacificación, la eliminación de las “autopistas urbanas” o la implementación de calles con plataforma única. Me explicará con entusiasmo su visión de la ciudad como espacio de juego y su postura contraria a acotar las zonas infantiles. Manifestará su opinión de que es una idea estupenda utilizar elementos urbanísticos neutros que puedan servir para múltiples propósitos, incluido el juego infantil, y me hablará de los parques infantiles de Aldo van Eyck.
Elena me explicará con admiración las acciones llevadas a cabo por las asociaciones de vecinos de Ciutat Vella para recuperar los espacios perdidos debido al uso mercantilizado de lo público. Me hablará de sus encuentros con otros arquitectos que buscan que la ciudad sea un espacio democrático de convivencia, y de las actividades en escuelas en las que ha colaborado para fomentar la participación infantil. Me dirá que la ciudad es una herramienta de aprendizaje.
Todo esto y muchas más cosas me explicará Elena que, como Joan, como Jordi, como Marta y como muchos otros, está dispuesta a dedicar mucho de su tiempo, de su saber y de sus energías para que la ciudad sea una ciudad para todos, diversa e inclusiva.
Pero hoy todavía estoy sentada frente a un cortado que quema, bajo un sol casi primaveral, delante de un edificio que me parece bastante feo – aunque dicen que es importante – y dispuesta a iniciar una conversación con unos arquitectos de los que hasta hace poco no sabía nada. 




La ciudad para todos

Article publicat originalment a la revista Kireei 6 (tardor 2014)
Il·lustracions d'Elena Hormiga


La ciudad para todos

Participación, democracia e inclusión





El globus vermell, Barcelona
El globus vermell es un colectivo de arquitectos, constituidos como asociación, que se dedica a divulgar la arquitectura en el sentido más amplio. Sus principales acciones son visitas guiadas, itinerarios por barrios de la ciudad y talleres educativos para niños. También dan a conocer la arquitectura y la ciudad a través de exposiciones, publicaciones y otras actividades. Colaboran habitualmente con la Fundación Joan Miró y el Museo del Diseño; en otras ocasiones han trabajado con La Pedrera, el Museo Picasso, el Colegio de Arquitectos, el Instituto Francés...
El objetivo principal de El globus vermell es formentar el espíritu crítico hacia el entorno construido para que de esta manera la ciudadanía pueda ser más exigente y, a la vez, proactiva respecto de la ciudad y sus transformaciones.

Arquect, Barcelona
Arquect es un proyecto de pedagogía urbana impulsado por la arquitecta Elena Guim. Se dedica a diseñar e impulsar metodologías de aprendizaje, tomando la ciudad como escenario educativo, para la formación de una ciudadanía activa en la transformación de su entorno. En el ámbito de la participación infantil diseña acciones para promover la implicación de los niños en la construcción de la ciudad, reforzando así su cultura participativa.  Algunos de sus proyectos actuales son la colaboración con la AAVV de Plaça de les Glòries, diseñando acciones de participación ciudadana infantil en las escuelas. Otro es la colaboración con el Pla Estel (acrónimo de “estrategias sociales para el territorio y el espacio libre”), que propone nuevas intervenciones de mejora del espacio público de algunos municipios con la participación de las escuelas.

Chiquitectos, Madrid
Chiquitectos es una propuesta lúdica y educativa generada en torno a lo arquitectónico, que propone una nueva forma de aprendizaje para la sociedad del futuro. En sus talleres de arquitectura los participantes adoptan el juego como única herramienta para explorar y aprender ya que, aunque el principal objetivo del juego es disfrutar, mientras los niños juegan fijan sus hábitos de vida, sus roles sociales, y establecen así la forma de relacionarse con el mundo.
Su objetivo es despertar una mirada crítica y contribuir a crear ciudadanos participativos y responsables de sus propias decisiones, capaces de actuar para cambiar el estado de las cosas.

Teresa Benito, Zaragoza
Teresa Benito es arquitecta y atelierista. Se dedica al desarrollo de innovación educativa a través de la pedagogía activa en la infancia. Ha fundado nido, Zaragoza Montessori School, un proyecto educativo bilingüe inspirado en Montessori & Reggio, de 0 a 6 años.  Está especializada en pedagogías activas (Montessori & Reggio), realiza talleres de formación para docentes, familias y niños en la intersección de arte+arquitectura+computación, y desarrolla espacios para vivir, trabajar, jugar y estudiar, en ambientes-laboratorio en los que aprender de forma conjunta y cooperativa. Se define como entusiasta de la arquitectura, la ciudad y el aprendizaje.




Cualquiera que esté un poco atento al pulso de la sociedad habrá percibido que últimamente hay una gran ebullición de iniciativas de todo tipo que persiguen la participación ciudadana y la acción colectiva. Algunas vienen de muy lejos, pero cada vez resultan más visibles. Tanto desde el asociacionismo como desde la iniciativa individual, desde el voluntariado como desde la acción profesional, una red de contactos se van tejiendo presencial y virtualmente. Entre todas estas voces, grupos de arquitectos reclaman el papel decisivo de la arquitectura en la configuración de ciudades al servicio de las personas y no de intereses económicos privados. Para ello se organizan en colectivos y redes, realizan actividades divulgativas y participativas, reflexionan, escuchan, proponen y debaten. Pero no se trata de un coto privado para arquitectos: la mirada transversal e integral sobre la ciudad, el activismo y el compromiso social son características que definen a todos estos movimientos. Cuatro proyectos (colectivos o individuales) dedicados a la divulgación de la arquitectura nos dan su visión sobre su labor.

¿Por qué dar a conocer la arquitectura a la ciudadanía?

Joan Vitòria, de El globus vermell [JV]: Buscamos formar a una ciudadanía más crítica respecto del entorno construido. Nos quejamos de tener ciudades feas, mal hechas... Los pueblos están llenos de apartamentos, de segundas residencias sin planificación... Esto es en parte culpa de los arquitectos, en parte culpa de los promotores y los políticos, y en parte culpa de que los ciudadanos quizá no saben pedir lo que quieren y necesitan. Y no se trata de un gusto estético, que cada uno tiene el suyo. Se trata de que a menudo no seamos conscientes de que una parte importante de la ciudad, de un buen proyecto en general, es que el cliente sepa pedir lo que necesita y quiere. Si somos conscientes de lo que necesitamos como ciudadanos también podemos exigirlo a los técnicos y a los políticos, que al final son los que lo acaban desarrollando.
La inmensa mayoría del público que tenemos en las actividades es público no profesional de la arquitectura, sean adultos o niños. Si enseñamos un edificio que tiene un cierto reconocimiento a nivel arquitectónico evidentemente vienen también arquitectos o estudiantes, pero la mayor parte del público son vecinos de la ciudad. Lo que intentamos es no valorar la estética del edificio sino dar herramientas de reflexión sobre la arquitectura para que los ciudadanos se puedan formar un criterio propio. La luz, los materiales, la distribución, la organización, la circulación, la relación con el entorno... todo esto son cosas que se plantea un arquitecto cuando hace arquitectura, pero creo que es importante que también los ciudadanos se lo planteen y lo entiendan.
El diseño de la ciudad debe entenderse como un trabajo conjunto de los ciudadanos (que también ponen el dinero mediante sus impuestos) y los técnicos (arquitectos, urbanistas, ingenieros, expertos en movilidad, paisajistas...) que han de dar forma a la voluntad ciudadana. Un buen proyecto urbano siempre debería ir precedido de un claro y transparente proceso de participación ciudadana, en forma de diálogo constante y en el que cada uno tuviera claro su papel.

Jordi Garet, de El globus vermell [JG]: Creo que también es importante el simple hecho de conocer tu ciudad. Es imposible que aprecies o valores una cosa si no la conoces. Conocerla y valorarla hace que después puedas y quieras tener opinión.

Almudena de Benito, de Chiquitectos [AB]: Todo lo que sea conocimiento, de cualquier tipo, siempre es bueno, ¿no? Ayuda a ver las cosas con una mirada crítica. El hecho de conocer alternativas distintas a las que uno tiene delante despierta el deseo de cambio. En el ámbito del urbanismo creo que si se tuviera más en cuenta a los ciudadanos - ¡pero a todos, no solamente al trabajador adulto de mediana edad! –, si se pensara en nuestras necesidades y se escucharan nuestros deseos, probablemente estaríamos ante ciudades diferentes donde el espacio público tendría mucho más valor.

Elena Guim, de Arquect [EG]: La cultura arquitectónica es el cultivo del conocimiento y del saber de la arquitectura y la ciudad que la humanidad ha ido acumulando a lo largo de su historia. La transmisión de este conocimiento, de las experiencias acumuladas y asimiladas, es lo que permite la evolución de la sociedad y que este conocimiento sea integrado por parte de las nuevas generaciones. La importancia de hacer difusión es que permite democratizar el conocimiento, reforzar la identidad de los ciudadanos y aumentar su autoestima. De esta manera se genera un compromiso de los ciudadanos con su ciudad y una corresponsabilidad en su construcción.


¿Por qué arquitectura para niños?

[EG]: Los niños son ciudadanos, exactamente igual que las personas adultas, y tienen el derecho de participar en el diseño y construcción de la ciudad. Para fomentar su cultura participativa en todo aquello que les afecta y reforzar su compromiso con el entorno, es necesario transmitirles el conocimiento y darles las herramientas necesarias para generar en ellos una mirada crítica y un espíritu de activismo ciudadano. No hemos de pensar que los niños son ciudadanos del futuro: son ciudadanos del presente y los adultos tenemos que escuchar sus propuestas y asumir nuestro compromiso de ponerlas en práctica.

Teresa Benito [TB]: La arquitectura es la más completa de todas las artes, por lo que permite abordar procesos artísticos muy variados en torno a un tema. Al mismo tiempo es una disciplina que nos afecta diariamente en nuestro entorno vital: cómo nos desplazamos, cómo nos vestimos, dónde dormimos. Para mí los talleres son un medio de trabajar otros aprendizajes más abiertos, menos dirigidos, con materiales sin un fin u objetivo concreto, pero también una manera de adquirir "cultura arquitectónica", conocer términos de la construcción y la arquitectura, nombres de arquitectos, obras singulares contemporáneas e históricas.
Soy partidaria de ofrecer a los niños lo máximo porque ellos lo absorben, les gustan los conceptos complicados, las palabras singulares (hormigón, forjado, cercha) y se fijan mucho en su entorno, son muy observadores; la arquitectura es una buena manera de trabajar con ellos todos esos temas.
Nuestros talleres no pretenden infantilizar la arquitectura ni hacer manualidades con ella; ofrecemos conceptos arquitectónicos y aprendizaje al igual que se pueden trabajar en la vida profesional o en una escuela de arquitectura.
Me parece muy importante la manera cómo se introduce la arquitectura a los niños, porque si lo hacemos como un taller dirigido o un taller de manualidades en el que pintamos un tetrabrik con forma de casa pues ni es arquitectura, ni es educación, ni es trato digno a los niños.
En uno de los talleres en un colegio, estábamos en un aula de infantil trabajando y jugando con chavales de 4 a 11 años. Les pedí que dibujaran su clase, y posteriormente que la dibujaran incorporando aquellos elementos que les gustaría que hubiese. Más allá de las típicas ideas de piscina, cancha de baloncesto, etc., una gran parte incorporó plantas y flores, animales, un sofá, una cama o zona de descanso, y elementos que serían de fácil incorporación al aula pero que por la razón que sea no solemos incorporar. En los ambientes de inspiración Reggio y en los ambientes Montessori sí se introducen las plantas, el sofá, etc. Me hizo ilusión ver cómo los chavales sí tenían ganas de mejorar su aula, mover mesas y traer muebles que tenían en casa al aula, ya que al fin y al cabo es donde pasan un gran número de horas diarias.

[AB]: La arquitectura es para nosotros casi más un medio que una finalidad. Utilizamos la arquitectura como un pretexto para educar en otros valores y más que “cultura arquitectónica” pretendemos implicar a los niños con el mundo que les rodea y despertar su interés por el entorno construido y el desarrollo sostenible. Estamos permanentemente rodeados de arquitectura, vivimos inmersos en ella, y es importante ser conscientes de como ésta condiciona nuestra vida y nuestros hábitos cotidianos.
Para educar en valores a través de la arquitectura, trabajamos el tema de la igualdad (género, raza y condición) y recientemente hemos tenido dos experiencias en que hemos introducido juegos de integración. Nos ha demostrado que los niños viven las diferencias con normalidad y estas diferencias hacen surgir actitudes de respeto, generosidad y solidaridad.
A uno de los últimos talleres que realizamos vino un niño ciego. Vendamos los ojos a la mitad de los participantes y la otra mitad actuaron como “lazarillos”: cuando te ves privado de uno de los sentidos piensas en términos de integración.
En otro taller, una niña tenía solo cuatro dedos en cada mano, era algo congénito. Cuando uno de los participantes se dio cuenta todos se arremolinaron alrededor y preguntaban: “pero ¿por qué?, pero ¿por qué?”. Y ella decía “nací así” con una tranquilidad que sorprendía a todos, nosotros incluidos. Son situaciones que en el mundo adulto no ocurren. Al final del taller el niño que había estado construyendo a su lado le dijo “venga, ¡choca esos cuatro!” Para mí esa frase tan espontánea recoge muy bien el espíritu de lo que hacemos.

¿Condiciona la arquitectura (y el urbanismo) la vida de una ciudad?

[EG]: La relación entre la arquitectura (y el urbanismo) y las dinámicas que se generan en la ciudad es directa. Desde la Baja Edad Media las ciudades han sido el escenario de la vida de las personas, y es en las ciudades donde se producen las manifestaciones sociales, políticas, económicas y culturales de una sociedad. Las ciudades nacieron para proteger el intercambio de bienes y de servicios, y para favorecer la convivencia de grupos de población de origen diverso.
Hasta el último cuarto del siglo XX encontramos un urbanismo al servicio de los ciudadanos, de la ciudad compacta, donde la calidad de vida de los ciudadanos es una prioridad. Pero en las últimas décadas del siglo XX las políticas neoliberales han favorecido la especulación del territorio, la aparición de un urbanismo globalizador basado en la ocupación extensiva del territorio, pasando de la ciudad compacta a la ciudad difusa, y provocando unas dinámicas disgregadoras muy fuertes. La calidad de vida de los ciudadanos ha dejado de ser una prioridad para las políticas urbanas y ha pasado por delante el lucro del capitalismo financiero. Esto ha dado lugar a la arquitectura divina, a la banalización, a la segregación social, a la privatización del espacio público… provocando una pérdida gradual de derechos de los ciudadanos y la desaparición de las ciudades democráticas.
Si queremos recuperar la ciudad para los ciudadanos hace falta un compromiso por parte de todos los agentes que intervienen en su construcción, y por eso es necesario conocer la cultura de la ciudad, su patrimonio y su identidad.

[JG]: Evidentemente, la tipología del urbanismo y de la arquitectura condicionan la vida de la gente que vivirá allí. Por ejemplo, en un edificio en el que haya un largo pasillo que tengas que recorrer, pasando por delante de las puertas de los demás vecinos, se creará una relación más estrecha que en un edificio en el que solamente tengas un vecino de rellano, que quizá sea al único que conozcas. Otro ejemplo es la decisión de abrir un gran centro comercial: se corre el riesgo de dejar al barrio sin vida. La vida queda en un centro comercial cerrado, privado. Y un último ejemplo es el del coche. Jaime Lerner dice que con el coche tenemos que llevarnos bien, pero no debemos dejar que domine nuestra vida. Si queremos tener ciudades de calidad no hay otra manera que tener unos espacios públicos agradables donde vivir, un modelo opuesto al americano o centro-europeo de tener tu casita en la que vives aislado.

[JV]: Cuando aparece el automóvil se asocia al progreso y muchas ciudades y barrios se proyectan con el automóvil como rey: el urbanismo al servicio del coche. Se construyen urbanizaciones o barrios a los que sólo se puede acceder con transporte privado. ¿Y si en vez de pensar en el coche nos lo planteamos pensando que siempre hay que poder llegar en transporte público? En este sentido, la pacificación de muchas zonas en Barcelona ha sido una manera de hacer más seguro y accesible el espacio público. Como contraejemplo tenemos Milán, que me recuerda a la Barcelona de hace 30 años. ¡Vas al centro y todas las plazas son aparcamientos al aire libre! El coche hace algunas aportaciones positivas pero también genera polución y contaminación acústica. Y sensación de peligro, sobre todo para los niños. Es una agresión constante que condiciona nuestras vidas. Otros elementos que han sido generados por el coche y que quizá no pensamos: las aceras para separar al peatón del coche. Pero luego llega alguien con silla de ruedas y hay que hacer rampas. Muchas de las incomodidades de la ciudad son por culpa del automóvil.
En cuanto a la arquitectura moderna, es verdad que se han construido muchas cosas que, por diversas causas, han sido un fracaso, y hay que ser autocríticos y aprender de estos errores. Por ejemplo, algunas “utopías construidas” se olvidaron de la gente y de lo que hace que las ciudades sean atractivas y agradables. Se centraron en hacerlas funcionales desde un punto de vista económico (rápidas y baratas de construir) y de movilidad, en una época en la que el coche era el gran símbolo del progreso y nadie se imaginaba la crisis del petróleo ni la medioambiental.

[AB]: Si recordamos que antiguamente las viviendas no tenían baño y que éste estaba en la escalera y era compartido por varios vecinos... ¡es evidente que ésto condiciona la vida de cualquiera! Lo mismo pasa con las ciudades: habitar una ciudad te obliga a depender del automóvil si carece de transporte público. Si para sentarte en una plaza tienes que consumir las desigualdades se hacen más patentes. Son ciudades en las que no todos tenemos las mismas oportunidades.
Dice Richard Rogers que “los espacios públicos son la realización física de los valores de la sociedad. Las comunidades dan forma a los espacios públicos que utilizan y, a su vez, los espacios públicos que las definen dan forma a las comunidades” y no puedo estar más de acuerdo: el espacio público mide el pulso de la ciudad, genera energía, movimiento y entusiasmo, y también nos da la oportunidad de disfrutar de momentos de descanso, de apartarnos del caos y del ritmo que a veces nos impone la ciudad.

[TB]: Un urbanismo en el que se prima el vehículo privado condiciona a que tengas una vida sedentaria y malas relaciones con tu entorno o vecindario. Un urbanismo en el que se prime el transporte público, la densidad urbana y la vida en la calle, mejora nuestra salud y nuestras relaciones vecinales, ofreciendo posibilidad de reunión, debate y presión política. Hay urbanismo de izquierdas y de derechas, urbanismo para el individuo y urbanismo para la comunidad.

¿Existen o pueden existir ciudades pensadas para los niños?

[TB]: Soy partidaria de hablar de una ciudad para todos y todas, una ciudad para los ancianos, las mujeres... No solamente los niños están excluidos, todo aquel que no suponga una fuerza de trabajo actualmente está excluido.

[JV]: No me gusta separar a la población infantil del resto. Si hablando de ciudades más agradables para vivir hablamos a menudo de población infantil es porque se trata de la más desprotegida y vulnerable (juntamente con la gente mayor), pero el problema de los espacios poco inclusivos es un problema para todos. Si hacemos mejores espacios pensando en los niños, seguramente estaremos haciendo mejores espacios para todos.

[EG]: No creo que haya ciudades pensadas de forma consciente contra los niños, pero si analizamos cómo los adultos han definido cual es la mejor manera de vivir el espacio público veremos que se están haciendo ciudades contra los niños. Son las contradicciones de los adultos, no hay una coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Pueden parecer palabras duras, pero creo que es importante pararse a reflexionar sobre los valores que estamos transmitiendo a las generaciones futuras con nuestras acciones y no quedarnos solamente con el discurso, porque los niños aprenden viéndonos hacer las cosas, aprenden por contacto y no solamente en la escuela sino las 24 horas del día.
Un ejemplo de lo que digo es la prohibición de jugar a pelota en muchas plazas de nuestras ciudades porque el ruido de los niños molesta a los adultos y en cambio aceptamos la contaminación acústica que provoca el tráfico en las ciudades. Hace muchos años que no vemos a niños jugando en la calle de forma autónoma: los hemos encerrado en espacios reducidos, sin ningún tipo de interés ni de curiosidad, bajo el paraguas de la seguridad y el miedo, bajo la mirada del adulto. En cambio, decimos que vivimos en la era de conocimiento, que debemos fomentar la creatividad, la curiosidad y la flexibilidad. ¡Pues hagamos que el espacio público sea seguro y favorezcamos que los niños vuelvan a ocuparlo y a vivirlo!
El concepto de espacio seguro del que hablo no es un espacio normativo y limitador sino que es un espacio inclusivo, donde la comunidad se relaciona.
En este sentido las propuestas de Tonucci tienen el objetivo de mejorar la calidad de vida de la ciudad incorporando la visión de los niños y, como consecuencia, mejorar la vida de otros colectivos vulnerables. Para que estas propuestas lleguen a ser efectivas hace falta un compromiso firme por parte de los adultos y, sobre todo, de los adultos con responsabilidad en la toma de decisiones en la ciudad. Sería un error muy grave invitar a los niños a participar y luego manipularlos para no asumir el compromiso de cambiar las dinámicas de las políticas públicas haciendo efectivas sus propuestas.
Tenemos un reto muy tentador por delante y que nos permitirá en los inicios de este nuevo siglo reconquistar la ciudad democrática que hemos perdido.

[AB]: Francesco Tonucci es una referencia indiscutible en nuestro trabajo. Es un pionero en temas de participación infantil y sus ideas sobre la educación, y las propuestas urbanas que plantea, a pesar de tener ya unos cuantos años, continúan vigentes. Lamentablemente, eso quiere decir que todavía queda mucho por hacer.
En una conferencia suya me encantó la distinción que hizo entre los “trayectos” de los adultos y los “recorridos” de los niños. El trayecto va de un punto a otro y nos empeñamos en  hacerlo lo más rápidamente posible. Lo que ocurre entre medias no nos interesa, sólo queremos llegar al destino lo antes posible. Esto es exactamente lo contrario de lo que hacen los niños: la diversión se acaba en el momento de llegar, lo interesante está entre medias, en el recorrido, en el charco, en el escalón de un portal, en la hoja de árbol que recojo, en el banco que escalo y desde el que salto... Es algo que invita a la reflexión. Cuando vamos por la calle con nuestros hijos y no llegamos nunca... bueno, creo que todos hemos tenido la experiencia. A veces es bueno pararse y mirar la vida otra vez con ojos de niño.





Playgrounds, encuentros de Arquitectura e Infancia. 
Con la excusa de visitar la exposición “Playgrounds. Reinventar la plaza”, un grupo de personas y colectivos que están trabajando en temas de arquitectura e infancia en el estado español se dieron cita en el MNCARS de Madrid el 31 de mayo de 2014. Organizaba La casa de Tomasa y el objetivo era conocerse en persona, intercambiar experiencias y crear red para trabajar colaborativamente. El 12 de julio del mismo año ha tenido lugar el segundo encuentro “Playgrounds”, esta vez en Barcelona, organizado por Arquect y El globus vermell, en el marco de las jornadas anuales de Arquitecturas Colectivas (que este año tenían el lema “La ciudad no se vende, se vive”). Además de seguir profundizando en la creación de la red, en esta segunda ocasión se ha buscado desarrollar tres de los ejes temáticos que proponía el encuentro de Arquitecturas Colectivas:

  • La necesidad de un modelo educativo que permita sustituir una economía voraz y egoísta por una auténtica economía del bien común.
  • La voluntad de construir un nuevo modelo de ciudad basado en un urbanismo y una arquitectura colectivos, inclusivos y bottom-up.
  • Reconocer el derecho a la belleza, que no es una cuestión sólo de estética sino de dignidad. No puede haber estética sin ética.
Os invito a buscar en la red “Playground + Arquitectura + Infancia”. No existe página oficial de los encuentros hasta el momento, pero sí podréis encontrar las impresiones y explicaciones de muchos de los colectivos implicados.

Tonucci y la ciudad de los niños. 
La città dei bambini es un proyecto que nace en Fano (Italia) en 1991, impulsado por el pedagogo y dibujante italiano Francesco Tonucci. Desde el mismo proyecto se reconoce que su motivación no es de tipo educativo o de ámbito estrictamente infantil: “el proyecto desde del inicio ha tenido una motivación política; trabajar hacia una nueva filosofía de gobierno de la ciudad, tomando a los niños como parámetro y como garantía de las necesidades de todos los ciudadanos. No se trata de aumentar los recursos y servicios para la infancia, se trata de construir una ciudad diversa y mejor para todos, de manera que los niños puedan vivir una experiencia como ciudadanos, autónomos y participativos.” El proyecto busca que los niños puedan volver a vivir la calle como suya, de manera autónoma y segura. También propone que el parámetro de todas las decisiones urbanísticas no sea el adulto y que su movilidad no aumente en detrimento de la de los niños. Por último, pone especial énfasis en la participación real de los niños en todas aquellas decisiones que les afectan desde el gobierno de la ciudad.Podéis saber más en la web del proyecto, que dispone de versión en castellano: www.lacittadeibambini.org/spagnolo/interna.htm